Julia Alvarez Iguña

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Lic Julia Alvarez Iguña

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Psicología aplicada al Golf

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El rugby está de luto

Quiero poder comentar y compartir con ustedes nuestro dolor ante la pérdida de Matías Berardi, jugador de rugby del Club Deportiva Francesa. Ayer mi convocatoria en Deportiva Francesa no fue para hablar acerca de rendimiento psicológico ni técnicas de entrenamiento mental.

Si el deporte es salud, compañerismo, respeto, solidaridad, como explicarle a todo un club el salvajismo, la falta de normas, la violencia, la agresión sin sentido, la muerte. Que palabras poder usar para nombrar aquello que no puede simbolizarse con el poder “mágico” de la palabra.
Entrenadores y todo un plantel de gente que viene trabajando ad-honorem en la formación de nuestra juventud. Sostenemos que el rugby se basa en “el espíritu del deporte”, pero, de que espíritu estamos hablando, donde están los valores.
Es que hay algún entrenamiento para poder soportar la pérdida inhumana de un jugador. Esta vez le tocó al deporte; hemos perdido jugadores en accidentes, en el juego - ya que el rugby es un deporte de contacto - pero ayer señores, nos han “arrebatado” un jugador, un chico de dieciséis años, lleno de vida y proyectos por delante. Es muy difícil entender, es muy duro ver llorar a todo un club, incluido divisiones inferiores, chicas del hockey, padres, comisión directiva.

Cuando un jugador entra en la cancha deja todo por su equipo; saben soportar el dolor físico, pero nadie nos ha enseñado como soportar el dolor psíquico ante la pérdida de lo impensable, lo innombrable…
Hablamos de excelencia, de grandeza, de garra y corazón. Ser Puma es todo un honor, pero ayer, señores, nos han desgarrado las bestias. Siempre decimos que el deporte da revancha, pero de que revancha podemos hablar en este momento, cuando han derribado a un equipo entero por la pérdida de su líder, de su amigo, de su compañero de juego y de vida, que ya no estará más con la camiseta de su club.
La pelota no se mancha, pero esta vez al mundo del rugby nos han manchado la pelota con sangre.
Necesitamos de la ayuda de todos ustedes para que esto no pase más. Solamente manteniéndonos unidos podremos conseguir ser escuchados. Hoy le pasó a Deportiva Francesa, mañana le puede pasar a cualquier otro jugador de otro equipo.
Que todo este dolor no sea en vano. No se puede jugar con la vida de nuestra juventud.

El rugby está de duelo. El sábado próximo en el partido que se jugará en Matreros por la zona clasificación, ambos equipos entraran de negro a la cancha. Esta también es una convocatoria para los demás clubs de la URBA.
Hoy nos toca jugar este partido contra este rival desconocido, que pisa fuerte, lastima, no es un partido más. Nos toca vivir el partido por la vida, por la seguridad de nuestros jugadores. No podemos seguir mirando para otro lado. Nuestra atención debe estar focalizada en un solo lugar: en la justicia, en la ley, en los valores que nos sostienen. En el scrum de la vida hemos perdido un jugador, ayer fue el día que marco el principio de otra cosa, espero que marque el comienzo de un después.

A veces el deporte te pega fuerte, esta vez nos pegó en el alma.

Un enfoque psicológico sobre las dinámicas que se producen en la hinchada


La hinchada de un equipo también forma parte del deporte y como fenómeno social éstos se han convertido en una parte de nuestra vida cotidiana. La hinchada o el apoyo de los fanáticos es un factor importante a la hora de seguir y motivar a un equipo. Ellos son los que mediante una conexión psicológica le comunican al equipo que lo que están haciendo es muy importante para sus seguidores.

Cuando el ser humano actúa en masa, se elimina la conducta aislada, formando parte de la identidad y pertenencia a su equipo o club. La hinchada es un Yo, es un sentimiento, está formada por lazos afectivos identificados con ideales proyectados en sus equipos. Es así que la hinchada le pide a sus héroes, a sus equipos, fortaleza, ilusión, prestigio y el poder “pertenecer” en la inclusión y el festejo del éxito. Esto se acrecienta ante un evento importante como el mundial o la final de un campeonato donde toda la gente desborda adrenalina.
La identificación con un equipo genera una especie de red de apoyo social que proporciona sostén ante factores de ansiedad, soledad o depresión. En este caso sobran los ejemplos; hincha de San Lorenzo ahorcado ante la eliminación en el 2008; en febrero 2010, uno de Racing, en mayo uno de Rosario Central.

Al entrar en una masa o multitud, caen las represiones ya que todo está permitido. La conducta es pura exteriorización desapareciendo la responsabilidad y la conciencia moral, ya que no hay un responsable en sí. La gente parece perder su identidad y disminuye su preocupación por cómo los demás pueden evaluar sus acciones actuando por medio de la sugestión y en espejo con el otro. Luego de cierto tiempo del partido, se esfuman algunos rasgos de personalidad individual para entrar en un estado de contagio y fascinación. Como en el caso de la famosa “ola” de los estadios, se transforman los actos en ideas sugeridas por los otros donde se experimenta y se delegan las emociones colectivas.
Una persona aislada puede pensar y actuar según su formación y cultura personal, pero en una masa, o en un grupo, brota su estado salvaje permitiendo manifestar toda su espontaneidad, donde no existe la duda ni el razonamiento previo.

Los sentimientos grupales son simples o exaltados. Estos pueden ser crueles y destructivos como asimismo de entusiasmo y de heroísmo. Se genera una lucha de poder donde no hay nada mejor que mi equipo, donde, en estados límite, no se acepta al rival como distinto borrándose la tolerancia hacia el otro. Es cuando se descargan sus pulsiones vitales en forma de agresión guiándose más por sentimientos que por razones.
Esta es una forma de ejercer el poder a nivel simbólico. El famoso ¡¡¡¡¡oleeee!!!!!, significa superioridad y burla pero, ante la pérdida, surge la depresión y el silencio. Cuando el equipo pierde aparece la soledad, la culpa, los reproches, pero cuando todo anda bien la gente lo rodea y quiere subirse al carro del vencedor. En la derrota los fanáticos sólo ven lo superficial, se centran en los resultados, sin tener en cuenta todo el esfuerzo y sacrificio que puso cada jugador en la cancha. No se acepta la derrota, surgiendo un “pero”, un lugar donde poder poner toda la culpa y todo aquello que no se tolera en explicaciones sin sentido ni comprensión.

Perder es quedarse sin la ilusión de superioridad, enfrentarse a la burla de los rivales, quedando sometido a una hinchada contraria gozadora, donde la rivalidad de la competencia en forma de revancha retorna mediante miradas y cánticos de goce por la derrota. Los cantos de la hinchada demuestran la cantidad de sentimientos entrelazados. Los estribillos llaman al festejo anticipatorio o a la violencia. Éstos son muy elaborados pero no desde lo formal sino desde el contenido de sus frases. Cuando van dirigidos al bando contrario, casi siempre poseen un destinatario que es el enemigo histórico que tiene cada equipo. Las temáticas no tienen que ver con el deporte sino que se asocian a cuestiones épicas ideológicas y de pertenencia.
Pichón Riviére decía que la estrategia es uno de los componentes del deporte y de la guerra donde se busca vencer a un rival. Muchas veces este deseo es tan grande que transforman a los jugadores con muy poca tolerancia a fracasar o al perder. Es cuando ese sentimiento se proyecta sobre el réferi, el personaje más solitario y sin hinchada propia, que se transforma en el chivo expiatorio y frecuente sospechoso ante tanto dolor y tanta pérdida.

El público forma parte del equipo con la diferencia de que juega y vibra cada jugada con la "camiseta puesta”; pero desde adentro vibrando al unísono en un estado mental colectivo.
Cuando la hinchada se siente sola se ve traicionada y se invierten sus sentimientos. Es cuando surge la angustia en masa ya que se exalta la amenaza de perder su identidad y esto es peligrosísimo.
Los seguidores de la selección Argentina, más allá de sus barras bravas, expresa el orgullo de pertenecer brindando todo el apoyo y sustento a sus jugadores. Sus incondicionales entran en un frenesí por nada más importante que el color de la camiseta. Es el orgullo celeste y blanco de caras pintadas, banderas y emblemas. Es sentir uno mismo esa camiseta transpirada, el llorar en conjunto cuando se entona el himno, el ocupar un territorio compartido con los nuestros, el dar todo sin guardarse nada, donde todos somos protagonistas: los que juegan y los que acompañan: el equipo y su hinchada.

Deporte, Empresa y Alto Rendimiento


En los tiempos que corren, con la acelerada y estresante vida que llevamos, todos tenemos una pasión: un deporte que nos obsesiona, y que es tomado como una vía de escape y descarga de tensiones

Su progresivo aprendizaje, produce el desarrollo de habilidades físicas y mentales, las cuales configuran nuevas maneras de actuar y vivir en el mundo. El avance de la tecnología, el marketing y la publicidad, ha llevado al deporte a un crecimiento multilateral, donde ya no se lo considera una práctica para pocos.

El deporte nos atrapa, donde cada partido es una situación diferente, un desafió nuevo contra el rival y contra uno mismo. Es una competencia sábado a sábado, jugada a jugada, enfrentando los conflictos que suceden tanto en un partido como en la vida misma, llegando a una comparación donde podemos decir que se juega de acuerdo a como se vive.
El deporte es una actividad que descubre al sujeto en todas sus particularidades, donde se exterioriza la personalidad y características del jugador a través de su conducta percibiendo actitudes y valores como por ejemplo: su habilidad de decisión y respuesta, capacidad de espera y tolerancia al error, voluntad y esfuerzo, metas de superación diarias, angustia escénica, focalización en la tarea, si juega para sí o para la mirada y el reconocimiento de los demás, entre algunas de ellas.

Siendo la psicología una ciencia que estudia la conducta del individuo en situación y en relación, y dado a la gran influencia que han comenzado a tomar estas habilidades psicodeportológicas, la psicología junto al management, han llegado a formar un paralelismo entre deporte y empresa. Se ha descubierto que existen rasgos y actitudes en común entre deportistas, y las conductas deseadas por la empresa en relación al rendimiento.

En ambos casos, se encuentra un alto grado de motivación centrado en objetivos, un estado psicofísico que da lugar a un alto poder de concentración y atención volitiva, donde grandes jugadores y ejecutivos, a pesar de estar continuamente sometidos a situaciones estresantes que provocan tensión y presión, pueden seguir enfocados en un solo objetivo: ganar.

De ahí, que se haga una paralelismo entre empresa y deporte. En el trabajo diario, se observa como se maneja ese empleado en el ámbito laboral. Igual que en el deporte, se sale a competir con empleados y empresas manejando las mismas habilidades: capacidad en resolución de problemas, comunicación, toma de decisiones, visualización y creatividad, focalización de la energía en lo que se quiere lograr, misión visión y trabajo en equipo, liderazgo.

Sobresale la responsabilidad y el coraje ante cada acción, cada jugada, cada pase, donde el error es sinónimo de aprendizaje y no de humillación, vinculado a la formación de una gran autoestima y sentimiento de sí.

Los psicólogos del deporte, estamos comenzando a ser convocados por empresas, donde se dictan clínicas del deporte aplicadas a las empresas, y donde se implementan recursos y herramientas destinados a las necesidades especificas de las compañías. Allí se equiparan los conceptos organizacionales, a los fundamentos de la ciencia de la psicología de alta competencia.

Eventos de este tipo surgen como respuesta a una necesidad de los departamentos de Recursos Humanos de buscar fórmulas que permitan motivar, o desarrollar ciertos aspectos que las organizaciones demandan o necesitan reorganizar. Tal es así, que últimamente las grandes compañías, están incluyendo en la búsqueda de personal postulantes que hayan practicado algún deporte (individual o grupal), condiciones ligadas a personas acostumbradas a resistir situaciones de presión y estrés, como así mismo a manejar aspectos mentales y emocionales del juego.

En cuanto a los deportes grupales como el rugby,futbol, polo, hockey, etc, aportan la información de empleados habituados al trabajo grupal e interpersonal donde competir, mas allá de los resultados, también implica el coraje, la fuerza y la garra que los exige a ser cada vez mejores. Partido jugado o contrato cerrado, ya se estará pensando en el siguiente desafío. Ganar será la consecuencia de personas o equipos, que acepten los problemas o conflictos como una manera de medirse, y cuanto mayor sean éstos, mayor será la fuerza y potencia en superarlo.

En la mayoría de los currículum vitae, se ha comenzando a incluir información acerca de deportes realizados por los postulantes. Así, entre la formación académica y la experiencia laboral, se considera un beneficio extra, poseer experiencias deportivas para ser aplicadas a la empresa, y cuando se debe decidir entre dos o más candidatos, se decide por el deportista.

Por ejemplo, en Estados Unidos, es un valor agregado el poseer en golf un bajo handicap para acceder a algún alto cargo en alguna compañía, ya que ser un “buen deportista” demuestra con naturalidad su personalidad, el desarrollo de una eficiente comunicación verbal y corporal, imprescindible para entablar nuevos contratos comerciales.

Personas que juegan al golf o en torneos empresariales bien sabido es que el deporte es una buena oportunidad para cerrar un negocio, como así mismo una ocasión única para definir o entablar nuevas gestiones y relaciones comerciales.

Por ejemplo el golf así lo permite, ya que de las cuatro o cinco horas que dura un partido, solo se está jugando, en tiempo lineal, no mas de quince minutos. Las restantes horas se camina, se habla, se dialoga, tiempo propicio para tratar un negocio, entablar nuevas relaciones comerciales, y poder darle un buen y jugoso cierre en el hoyo19.

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