Julia Alvarez Iguña

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Lic Julia Alvarez Iguña

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Psicología aplicada al Golf

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Jugando en equipo

El espíritu de un equipo surge, cuando se reconoce que el triunfo no es de uno solo, sino de los diversos roles que se conjugan en común, cuando cada jugador toma el desafío de ser lo que se propone, lo que se espera de él, divirtiéndose, y aprendiendo en el proceso de crecimiento grupal.
Un equipo puede preguntarse
¿Qué podemos hacer para crecer esta temporada?
¿Cuál es nuestra identidad, nuestra marca?
¿Qué es lo que queremos lograr, y como lo vamos a conseguir?

Si bien es una pregunta individual, la respuesta depende de la colaboración de los demás integrantes del grupo. De nada vale decir, quiero jugar cada vez mejor, si mis compañeros no me acompañan en ese objetivo. Se puede tener muchas ganas, pero el resultado está en función de las combinaciones del equipo.
Un equipo funciona cuando sus jugadores están en la misma sintonía, cuando pueden dialogar de frente, las cosas que les gusta, y las que le molesta, cuando no se habla a espaldas de los compañeros o el entrenador, cuando se respetan los tiempos de entrenamiento, y la llegada a los partidos, cuando no se está esperando que el titular se lesione o juegue mal para entrar. Se puede tener un equipo lleno de talentos, pero si funcionan individualmente, son quejosos, faltan, cometen infracciones, no respetan, discuten, son factores que producen que el grupo no funcione, drenando la energía, y bajando la motivación de los demás.
Equipo significa apoyo defendiendo, y atacando. No sirven los hombres aislados. Cada jugada es el resultado de una suma de esfuerzos, de una multiplicación de posibilidades, de un sinfín de riesgos, pero al mismo tiempo, confianza en el que corre al lado, sabiendo que va a estar cuando finalizan o se agotan las posibilidades, o repertorios de juego.
Si yo no confió en mi compañero, si le tengo bronca, si me peleé con él en el entrenamiento, seguramente que no le voy a pasar la pelota.
Tenemos que separar amistad de jugador. Cuando estás en la cancha sos parte de un equipo, sos jugador, cuando salís sos amigo, y podrás resolver tus problemas personales. A la cancha no se entra con emociones no resueltas, se sale a jugar. No podemos esperar que todos sean íntimos amigos, siempre encontraremos diferencias, pero en el partido son todos iguales, nadie brilla más que el otro. A la cancha se sale a ganar, no a hacer relaciones sociales. En un partido no se puede elegir con quien jugar, vas a salir con el que mejor este jugando. Eso habla de la función del jugador.

Para eso es necesaria una buena comunicación entre las partes. Para que circule bien la pelota, es necesario que circule bien la palabra. Si en un momento, a un jugador se le escapa la pelota o no llega, no impedirá que se la vuelvan a pasar en la próxima, porque confían en él. Un gran equipo no se queda en el error. Un gran equipo se ocupa del contrario, y no “lloriquea” ante una mala jugada.
Cuando estés en la cancha no pienses en ti, piensa en el equipo, piensa en tu responsabilidad.
 “No preguntes qué pueden hacer tus compañeros por ti. Pregunta qué puedes hacer tú por tus compañeros” (Magic Jonson, ganador de oro olímpico, uno de los 50 mejores deportistas en la historia de la NBA).
Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología del deporte de Alto Rendimientoj.iguna@hotmail.com


El sentido de identidad y pertenencia a un Club

Hay una serie de factores que observados desde la psicología influyen durante la competición; la confianza, la creencia en uno mismo, el sentido de valor, la capacidad de relajarse y actuar bajo presión, etc.

Pero todos estos procesos no se generan si no partimos de la primera pregunta: ¿Quién soy? ¿A dónde voy? Su respuesta me la brinda el sentido de identidad, la cual se refleja en mi manera de proceder, de actuar, de comportarme en la vida. La identidad es la condición interna que impacta en nuestros valores, y se manifiesta en nuestra conducta por medio de la motivación, la voluntad de logro y la pertenencia en una meta en común.

Cuando una persona o equipo sabe quién es, sabe adónde va, no busca que el resultado lo defina, sino el coraje y el esfuerzo en cumplir y reforzar un ideal con espíritu de lucha, con perseverancia y paciencia. El pertenecer a una institución, a una nación, a un equipo, a un club, nos marca de una manera diferente. La identidad de pertenencia es el sentido de lo contínuo formado por las leyendas a lo largo del tiempo, las que fueron edificando lo que somos hoy y lo que seremos mañana. Es la memoria, el respeto y el orgullo de aquellos que fundaron sus valores en un marco de permanente crecimiento.

Lo que define una institución, lo que se comenta de mi club, son las señales que me hacen sentir único, lo que me diferencia de otro. Sentir que “formo parte de” genera un marco de referencia respondiendo a una cultura. Algunas veces el sentido histórico y las tradiciones son olvidadas y dejadas de lado. Es cuando los jugadores pasan su tiempo sin grandes motivaciones ni intereses, dando lugar al perfil de personas que actúan centradas en sí mismas, en su cuerpo, en su individualidad. Este es el gran trabajo del entrenador, en posicionarlos en una meta en común, en lograr una “identidad" entre sus jugadores.

Si en un partido sólo me confirmo por medio del resultado, se genera una herida grupal y, si el equipo no está lo suficientemente seguro de quien es, de cuál es la identidad que lo sostiene, queda pegado al resultado, al perdedor, olvidando que de eso se trata figurativamente el deporte, en salir a defender la camiseta, la identidad del equipo, pero no sólo en un partido, sino a lo largo de la pasión que se siente por pertenecer.
Si nos apartamos de los valores, del trabajo grupal, quedamos recluidos en nuestro yo y nos empobrecemos, porque por naturaleza somos “seres de encuentro”, sin el otro no soy, no juego, no crezco, ya que me falta lo indispensable: el constante intercambio entre el mundo externo y el mundo interno.

La identidad la refuerza el nombre de tu club. Está representada por sus colores, sus símbolos, sus héroes y logros, por la pertenencia a un barrio, una localidad. Es un valor que se refuerza por medio del capitán, los jugadores que actúan en espejo con el entrenador, y los referentes del club que transmiten sus valores por la palabra y el ejemplo. Es el patrimonio de creencias, forma de ser y pensar del grupo.

Desde que lugar salís a jugar, en defensa de qué, de tu autoestima o de los valores de tu equipo y de tu club. Si éstos se basan en el respeto, no pegues, no insultes, no salgas a vengarte a la noche por la piña que indirectamente recibiste en el partido. Tratemos entre todos de eliminar la creencia de que todo “rugbier” es igual a trompada, a fuerza bruta, Los rugbiers también piensan, estudian, trabajan, resaltemos esas cualidades.

Tu deporte y tu camiseta forman parte de tu piel, es lo que te distingue. Sabela llevar, no se usa solamente en la cancha, también forma parte de tu identidad como persona.

El entrenador

La misión de un entrenador es integrar sus objetivos con los objetivos personales del grupo. Para ello debe trabajar distintos aspectos. Hoy me centraré en la motivación.
Para motivar son varios los aspectos que el entrenador debe tener en cuenta. Por empezar distinguir que clase de motivación los lidera, la motivación externa centrada en resutados, o la motivación interna centrada en la constante superación.
Partamos que esa misma pregunta es la que también debe hacerse el entrenador. ¿Por qué entreno?, ¿Qué quiero lograr?, ¿Cómo soy? ¿Qué busco?liderar, ensenar, figurar, mandar, nadie sabe como yo,

¿Por qué hacemos cosas en la vida? Por ejemplo ¿Por qué entrenamos el deporte que nos apasiona? Para cansarnos, para transpirar, para perder tiempo, por decir solamente fui a entrenar, por cumplir, por alcanzar metas, por romper records, cumplir una obligación, por figurar, etc.
La motivación va unida a la voluntad, junto con los instintos y los impulsos nos movilizan a la acción. Implica necesidades, deseos, expectativas, un motivo por el cual ponerse en marcha hacia la obtención de un deseo.

Muchas veces los entrenadores han sido jugadores y el cambio de jerarquía y de rol los lleva a pensar desde su misma subjetividad. Si bien implica ricas experiencias de juego por las que han vivido, eso no genera un paralelismo en pensar que sus jugadores tendrán su misma motivación y amor por el deporte. Cada jugador posee una historia distinta que lo identifica en su singularidad, ni todos vienen de jugar en equipos exitosos. No se puede esperar que piensen, actúen, o tengan la misma motivación, actitud o estilo de juego del entrenador. Son cosas que a veces no se piensan, pero se le exige el equipo y se dan como sobre entendidas. No conciben como un jugador no puede aprender una técnica, o es un poco torpe, o no llega a las expectativas necesarias, etc. Pensemos que no existen las destrezas innatas, son habilidades a trabajar que implican paciencia y dedicación de su maestro. Uno no nace, se hace.

El concepto de saber motivar o activar a un equipo no siempre es bien comprendido.
La motivación está relacionada a la emoción. La motivación es la fuerza que activa y dirige el comportamiento.
La activación está relacionada a la acción. Es la cantidad de energía en más o en menos ante una acción.
En la motivación hallamos emociones evaluativas, relacionadas al resultado, como ser: decepción, tristeza, alegría, ira, o, emociones relacionadas a la superación del sí mismo: coraje, pasión, orgullo, valía, etc. las segundas son las que realmente importan y están relacionadas al crecimiento como personas, como jugadores para alcanzar un objetivo. La motivación externa está relacionada a la vergüenza, la motivación interna a la esperanza.

La activación es lo que los entrenadores y deportistas llaman, no sin razón, pérdida de concentración ya que se relaciona al aprovechamiento de la energía del cuerpo para realizar actividades. La activación está relacionada a la arenga, a exaltar al jugador. Muchos entrenadores la confunden con la motivación, pero no están motivando, están activando al equipo. Por eso creen que antes de competir se deben utilizar técnicas de vestuario como gritos, fuertes discursos para enardecer el ánimo. No negamos la importancia de esta técnica grupal antes de una competencia, pero también se le debe espacio a “esa palabra” que emociona, enaltece, que les toque esa fibra intima y los hagan pensar porque están acá, a que han venido, que vienen a buscar.

Detrás de una arenga escuchamos: “hay que darlo todo”, “a morir en la cancha”. Estas palabras solo consiguen presionar al jugador y sobre activarlo: se desconcentra, hay tendencia de lesión, mayor agresividad. Todo es rápido, torpe, quiere tomar todas las pelotas, no piensa, tacklea a todo el mundo, pierde el control y lo peor de todo gasta su energía de golpe, queda sin resto.
El decir: “vamos a salir a ganar” no sirve. Ya estamos hablando de una determinación a cumplir y cuando no se obtiene genera frustración. El “vamos a dar lo mejor de nosotros”, marca un objetivo más real donde el miedo no hace referencia a un cumplimiento.

Sabemos que el miedo paraliza, bloquea mental y físicamente. Algunas veces es tan grande esa emoción que embarga al jugador en su totalidad interfiriendo con el aprendizaje y la ejecución. El entrenador puede indagar. ¿A que le tenemos miedo? A ganar, a perder, al entrenador, a lo que dirán, al rival, al descenso, a ser sacado, etc. Cuando los jugadores se dan cuenta que el miedo no existe, que es formado solo por ellos se enfrenta el partido de manera diferente.
¿Cómo enfrenta el miedo, que herramientas utiliza? ¿Puede el entrenador hablar con los jugadores después de una derrota, posee algún refuerzo positivo para sacarlos inmediatamente de ese espíritu perdedor, puede posicionarlos en la esperanza de un futuro? El miedo y la derrota hay que afrontarlos, atravesarlos, nunca evitarlos ni posponer el problema por miedo a hablar. Si el entrenador lo puede tolerar, los jugadores también lo harán. Hay que hablar constantemente del miedo, que emociones se ocultan. Tengamos en cuenta que el miedo es la puerta abierta a las lesiones ya que el deportista no percibe las sensaciones físicas de su cuerpo.

Los jugadores que están motivadas intrínsecamente, no necesitan que otras las motiven. Cumplen con sus objetivos, aceptan las derrotas, pero como aprendizaje para volver a salir al ruedo a jugar “con todo lo que tenemos” y no desde” todo lo que nos falta” para lograr el objetivo por el que tanto se ha trabajado.

El especial clima psico-social que genera la convivencia



Luego del último mundial y debido al éxito obtenido de muchos jugadores, algunos fueron llamados para jugar en el exterior. Esto produjo una ruptura en el equipo, ya que solo volvieron a juntarse al ser convocados para algún evento aislado. Esta desunión produjo que el grupo se desmiembre perdiendo parte de su identidad. Para ello era necesario que el equipo se reencontrara para lograr nuevamente la esencia de ser PUMA.
Uno de los factores que ayuda a la cohesión de un equipo es por medio del especial clima psico-social que genera la convivencia, las giras y todo aquel evento que ayude a que el grupo permanezca unido durante cierto tiempo. Este ha sido uno de los objetivos del “Operativo Pensacola” donde más allá de desarrollar el aspecto físico y establecer las bases para un juego sólido, se transforma en una gran oportunidad para desarrollar el aspecto humano del grupo.
La palabra equipo deriva de skip, vocablo noruego que significa barco, donde una vez que te embarcas ya no podes bajarte hasta nuevo puerto. En su tripulación hay diferentes roles, capitán, marinero, oficiales, hasta el cocinero cumple una función y un rol especifico. Cada uno depende del otro. Lo mismo sucede en un equipo deportivo.

Un equipo está integrado por:
• Un número reducido de gente.
• Relaciones intensas.
• No existe el jugador estrella.
• Estructurado por grandes relaciones afectivas.
• Donde surgen diferenciación y aceptación de roles.
Tiene una misión: “Si estamos juntos nos salvamos, al que se van por afuera lo liquidan”

Toda convivencia no es fácil. Supone aceptar y respetar las diferencias, adoptar un estilo de vida común basado en normas grupales utilizando los mejores recursos de cada uno para adaptase a una nueva estructura, donde el equipo es el que otorga y da un lugar y posición a cada jugador constituyéndolo como tal. Este compartir permite relacionarse con lo más grandioso de cada uno, renunciando a intereses personales y motivados por una meta en común. Cuando hablamos de “quince que son uno”, nos referimos al proceso de cohesión grupal, a la tendencia a mantenerse unidos, a aprender a “pensar juntos”, prevaleciendo el equipo por encima de lo individual.
La cohesión es el concepto de nosotros, es una mente colectiva donde nadie es diferente y donde nadie sobresale de los demás. Esa es la clave, día a día se respira la competencia como un desafío en común. Este clima de colaboración y pertenecía integra las fuerzas de atracción del grupo fusionando las relaciones interpersonales para lograr la eficiencia grupal.

[Image]“El estar juntos” promueve una escucha abierta, no sólo de éxitos, sino también de conflictos, discrepancias, diferencias, insinuaciones y quejas. La fortaleza de un equipo también es poder escuchar todo aquello que a veces no queremos oír, que a veces lastima, pero que nos fortalece al obtener una mirada focalizada en un único objetivo de juego, lo que me cambia y me fortalece.
Esta unión grupal del día a día da lugar a la creatividad, al saberse apoyado por el que tengo al lado, es el triunfo de la confianza y el estar certero para poder compartir cualquier clase de jugadas, con el que está al lado mío y me la pide, o con aquel otro que siempre aparece con toda la locura desplegada para dejarse llevar con su espontáneo genio, o con ese otro que siempre está ahí, en el lugar esperado, donde más allá de la técnica para hacer “la jugada” sobresale por su inteligencia desplegada en acción. Esto surge en la convivencia diaria, al permanecer tanto tiempo juntos, al saber cómo tratarse y como reacciona cada uno ante diferentes situaciones.
Esta adhesión, pertenencia, fusión, unión da lugar al sentimiento de pertenecer, a sentirse parte de un proyecto determinado, dando lugar al hambre de crecimiento y de gloria.

En su capítulo sobre "Funcionamiento del Atleta Autoeficiente: el ejercicio de Control", el psicólogo Alfred Bandera sugiere que "los entrenadores pueden influir en el desarrollo y mantenimiento de auto-eficacia centrándose en lo que los jugadores pueden controlar personalmente, como la mejora y la superación de sí mismos, y no en los resultados incontrolables, tales como ganar. " Las interrelaciones entre los jugadores y el director técnico, definen el estado emocional general del equipo centrado en el proceso más que los resultados.
Si el grupo da lo mejor de cada uno, generando confianza y seguridad, se torna más eficaz en su toma de decisiones y en el dominio de situaciones frustrantes que pudieran suceder. El equipo depende del clima psicológico que genere esta unión, del estado de ánimo en que se encuentre y permanezca más allá de cualquier y normal adversidad que se produzca.

Equipo y cohesión


La batalla de Azincourt fue un combate entre franceses e ingleses, se ha convertido en un símbolo de la identidad del pueblo inglés, y durante siglos se ha celebrado como el triunfo del más débil frente a un ejército aparentemente insuperable. Esta batalla es usada como ejemplo cuando hablamos de equipo, liderazgo y cohesión.

En octubre de 1415, Enrique V, rey de Inglaterra, venció a la caballería francesa en la famosa batalla de Azincourt, ya dada de antemano por perdida debido a que poseía un ejército inferior en número de soldados y de armamentos. Sus hombres se encontraban en peor estado físico que los franceses, estaban agotados luego de caminar más de trescientos kilómetros debajo de la lluvia y el frío.
En esa situación aparentemente devastadora, en lugar de abandonar y retirarse del lugar, Enrique V colocó a su ejército en posición defensiva, sabiendo la realidad que les esperaba. Los ingleses eran menos, pero su rey, en vez de lamentarse, “los arengó” diciendo que ojalá fueran menos aún, porque serían menos a quienes les tocaría la gloria.
A pesar de esa dura realidad consiguió alentar a su ejército con una ejemplar estrategia. Para ello juntó a sus hombres parados hombro a hombro reconociendo la dura realidad de saber que se podía perder y morir. En lugar de quedarse en una situación defensiva parados esperando al rival, se ubicaron en el centro de la batalla defendiendo y atacando en todas las direcciones.

Enrique V se focalizó en el proceso de la lucha más que en su resultado y, a pesar de las desfavorables condiciones, el ejército de Inglaterra terminó triunfador. Igual que todo buen líder, pudo lograr que ese puñado de hombres cansados y desnutridos se pararan uno al lado del otro para luchar con todas sus fuerzas demostrando su grandeza. No importaba si ganaban o perdían, el objetivo era liderar a su ejército diciendo “intentemos hacer algo, ganemos o perdamos”. “El que no quiere ir con el corazón a la lucha, se podrá retirar con algunos escudos para el viaje. Lo que quiero es que se queden los que tengan el corazón puesto en la batalla. No quiero luchar con un hombre que tema morir”.
Para lograr su objetivo debía reconocer en cada persona el rostro de un luchador. Buscaba gente entusiasmada que se centrara en el proceso. Reconocía que cuando se peleaba solamente por obtener algún reconocimiento o algún escudo extra, la motivación era distinta. Sólo lucharía con todas sus fuerzas si tenían valores en común. Sin esa extra motivación no se lograría actuar voluntariamente con compromiso y actitud.

Los franceses poseían más de dos mil caballos galopando contra los ingleses. Si en esos momentos de situación límite, si el jefe o el entrenador no posee la capacidad de liderar y motivar a su ejército o equipo, la batalla está perdida de antemano con bajas considerables. Sus hombres pueden entrar en pánico corriendo por instinto para cualquier lado, como asimismo huyendo del campo de batalla si no poseen la voluntad de jugarse por un objetivo, por dejar “todo en la cancha”.
El entrenador como buen líder debe buscar gente entusiasmada en este proyecto que recién empieza. Un recurso muy efectivo al que recurren algunos entrenadores es inducir la ilusión grupal. Esto es, ilusionar al grupo, cohesionando al equipo con todas sus fuerzas por medio de una narrativa motivadora o utópica. En estos casos se utilizan ejemplos como el que acabamos de leer, metáforas, fabulas y mitos que seducen y convencen a los jugadores sobre los ideales que están en juego. Para eso se debe utilizar una teoría inductiva, motivadora, ya que si cada luchador se centra en la adversidad de la realidad pensada o imaginada se desvía esa energía de su meta de triunfo.
Esperemos que este ejemplo que nos brinda la historia y que se convirtió en una gran leyenda nos haga reflexionar como enfrentamos cada partido. Un gran líder como fue

Enrique V, en lugar de sentir pánico ante la situación, supo sacar fuerzas extras de cada hombre sabiendo arengar a su equipo con las palabras justas.
Podemos tener el mejor equipo y la estrategia perfecta para cada partido, pero sin la exacta motivación podemos fracasar. Enrique V les demostró que en esa batalla les esperaba la gloria, como realmente así sucedió.
Sólo podemos ser héroes si elegimos serlo. Un entrenador y un líder no pueden garantizar el resultado, el éxito, y para evitar el fracaso es necesario la motivación, la arenga y un plan estratégico proyectado en una meta en común.
Esa necesaria y sana adrenalina no debe surgir de acuerdo al nivel del adversario sino del instinto de superación de cada uno. Un equipo ganador juega de la misma manera con todos los contrincantes, porque esa energía y motivación no depende del que tengo enfrente sino de quien tengo adentro, de quien quiero ser.

http://www.youtube.com/user/albperezz#p/a/u/2/5X_2WD0RnPo

No hay atajos a la excelencia


No hay atajos ni caminos cortos a la excelencia. Para llegar es necesario pagar nuestras deudas físicas con un riguroso entrenamiento y practica de cancha. Se debe trabajar duro para conseguir fuerza muscular, mejorar la rapidez y perfeccionar la técnica para lograr un alto nivel competitivo. Pero no debés quedarte solo con eso, también debés trabajar el lado mental de tu juego.

En un importante match, la diferencia entre jugar bien o mal está entre tus oídos, en tu mente. Cuando en la competencia se alcanzan altos grados de tensión, para poder jugar con todo el potencial de tu nivel, depende de cuán bien podes competir mentalmente. En tu entrenamiento psicológico debés entrenar habilidades para mantenerte calmo, desarrollando la necesaria capacidad de anticipación y planeamiento de acciones. Mantenerse tranquilo y relajado ante situaciones de alta presión es el secreto para poder jugar de la misma manera como te has entrenado tan duramente en las prácticas. No es sólo tener ganas; es convicción y seguridad en lo que debés hacer.

¿Podés focalizarte en lo importante del partido y dejar lo irrelevante fuera del campo de tu atención?
La concentración es la clave de la excelencia. Si te desconcentrás ante diferentes estímulos, no serás certero. Los movimientos es un juego son a veces muy rápidos, y para poder jugarlo bien tu atención debe estar en el momento presente y en el exacto lugar, en el aquí y ahora.


¿Podés dejar atrás tu error reciente y concentrarte en la próxima jugada?
Jugadores que no pueden tolerar una equivocación, que se alteran en exceso ante sus esperables faltas, ya que son humanos, quienes cargan con el enojo durante el partido están dentro de la categoría de los que más cometen errores, ya que no pueden salir del pasado y enfocarse en el exacto lugar cuando la competencia lo requiere.

¿Sabés cómo evitar el bloqueo mental?
Esto requiere que puedas jugar “tu propio juego”, tus propios pensamientos y creatividad. Esto sucede cuando te dejas llevar y distraer por las jugadas e intimidaciones de tu adversario, su fortaleza, su fantaseada posición, tamaño, habilidad, reputación o en la importancia del resultado. Si te ocurre esto pronto te encontrarás mentalmente bloqueado y tus jugadas serán tentativas pero no certeras.

Un rival difícil y riesgoso nos da la posibilidad de valorar nuestra fortaleza en una competición exigida. En lo fácil nadie sobresale, estamos siempre en el medio. Muchas veces salimos a jugar con ese objetivo pero pronto éste cambia. En lugar de estar centrados en nosotros, comenzamos a medirnos con el rival, por el resultado, quien va arriba y quien abajo. Esta falsa motivación de demostrar que somos “los mejores” genera estrés, ansiedad, nos descontrolamos y descentramos del juego. El miedo logra su objetivo, de tanto pensar en su supuesta aparición, nos lleva a la derrota.

¿Podés jugar centrado en el 100% de tu activación?
En el deporte necesitamos un mínimo de activación para esperables resultados. Si estamos por debajo, surge la desmotivación, todo nuestro cuerpo funciona en menos. Si estamos sobrepasados jugamos en un 130% de activación, todo en más, debido a los nervios de la competencia. Siempre en algún momento habrán notado el aumento del ritmo cardíaco, descoordinación, apuro donde nada sale. Estas sensaciones se deben a que el nivel de activación del organismo ha aumentado por encima de lo normal. Para poder tener un buen rendimiento esto no debe suceder y, cuando aparece, saber dominarlo antes de que la ansiedad te domine a vos. Junto a ella aparece el exceso de temor, estrés, músculos agarrotados, fatiga; inquietud, duda de nosotros mismos ya que la información se procesa más rápidamente no pudiendo encontrar la respuesta adecuada. El organismo reacciona generando una sobreactivación biológica para poder responder de la manera más adecuada posible (huída o lucha) ante la amenaza.

El nivel de activación lo podríamos comparar con las cuerdas de una guitarra, tanto si la cuerda está demasiado tensa (nos enojamos luego de un error, jugamos al límite de nuestra adrenalina), como demasiado floja (distracciones, desmotivación, desatención) provoca que la guitarra suene desafinada. Bueno, imaginate que tu cuerpo es como esa guitarra, tiene que estar en su justo punto de tensión para responder de la mejor manera posible.


Como todo jugador tenés la obligación de trabajar fuertemente tanto tu parte física como la mental. No debés abandonar esta parte de tu entrenamiento. Generalmente, en todo en el mundo del deporte, la falta de confianza en nuestras capacidades, una insuficiente autoestima, el conformismo, el miedo a perder, el que dirán, atentan contra los buenos resultados.

Ningún juego es ganado sin la voluntad de ganar, la voluntad se refuerza por medio de un deseo y no de una necesidad entre el jugador y su objetivo. La necesidad se diferencia del deseo en que la primera nace de una tensión interna y cesa cuando encuentra su objeto. Se satisface y ya está. La necesidad se relaciona a la falta; corrí mucho, tengo sed y necesito tomar agua con lo cual cesa la necesidad.

El deseo por el contrario esta allí delante de nosotros, es el motor interno que nos pone en marcha; no tiende a la necesidad, no se relaciona a objetos de la realidad exterior, sino a la inconstante búsqueda de nuestra realidad, de nuestros ideales, pero no para cumplir con las expectativas de los “Otros”, ya que son nuestros propios ideales y ambiciones los que están en juego.

Julia ALvarez Iguña

Subestimando al rival

A propósito de Inglaterra vs. Italia

En la segunda fecha del tradicional torneo de rugby de las Seis Naciones jugado el sábado 13 de febrero entre Inglaterra e Italia, pudimos ver a una Inglaterra en un deslucido y no esperado partido contra el conjunto "azzurro" en particular luego del gran triunfo de los ingleses ante Gales por 30 a 17.
Hallamos a un irreconocible equipo con poco despliegue de juego, sin mucha precisión ni ideas claras de ataque. En un muy tibio juego entregó buenas jugadas a cuentagotas, ganando con lo justo a pesar de la desventaja numérica que supuso la "amonestación" del argentino nacionalizado italiano Martín Castrogiovanni, sembrando más de una duda sobre el futuro de este equipo cuando deba enfrentarse a potencias como Irlanda y Francia.

Dentro del mundo del rugby hemos escuchado infinidad de comentarios acerca del porqué de esta actuación. Dentro de la psicología del deporte podemos acercarnos a una clara hipótesis, pensando que Inglaterra salió subestimando a su más débil rival: Italia.
Éste es un tema muy frecuente en el mundo del deporte. Siempre se está pensando en el próximo adversario y colocándolo en un lugar imaginario, lo que lleva a que inconscientemente nos vayamos preparando para salir a jugar en ese lugar fantaseado.

Sería bueno pensar: ¿En qué lugar ponemos al adversario, y en qué lugar nos colocamos nosotros? Más allá del rival, un equipo ganador no es aquel que se mide con el adversario en cuanto a quién tiene más que el otro, sino en el que sabe salir a jugar con mayor ventaja psicológica jugando con claridad de juego, con fortaleza mental y centrado en el nosotros más que en el rival
Cuando se sale subestimando al adversario, cuando se cree que es muy fácil, decae la atención y rápidamente puede darse vuelta un partido. Los distractores en el deporte pueden ser muchos y principalmente lo que más falla es el proceso de atención selectiva.
La atención selectiva es la capacidad para responder a los aspectos esenciales del juego, a diferencia de la atención espontánea que es la que va saltando de estímulo en estímulo, perdiendo la capacidad de concentración en un 100%.

El exceso de confianza ante un rival, produce una falsa seguridad de sí mismo, un auto-engaño basado en resultados anteriores que actúa como mecanismo de defensa para sostener al “Yo” ante la futura presión. Por eso es que se sale más relajado a la cancha ya que surge de antemano una idea de no esfuerzo ante la lucha, debida a la supuesta facilidad del encuentro. Es así que la atención no se encuentra focalizada plenamente en el partido, y ante una jugada peligrosa del rival cuesta concentrarse en la acción, ya que los procesos atencionales deben estar a punto, y en este caso, llegan retrasados o llegan tarde. Surge la confusión y la descoordinación. Cuando un equipo está tan centrado en el “nosotros” pierde de vista las sorpresivas jugadas del otro. El atleta requiere estar concentrado en el presente de su partido y no en el juego del adversario como una de las condiciones para una mejor ejecución.

Francisco García Ucha, psicólogo Doctor en Ciencias Psicológicas, señala la sobrevaloración como una vivencia negativa de éxito y considera sumamente importante poder formar una exacta apreciación y actitud hacia los rivales. Un estado de ánimo óptimo, una autovaloración adecuada, una estimación real de las posibilidades del equipo al que se pertenece con sus fortalezas y debilidades, y una valoración aproximada del equipo contrario y sus posibilidades. Pero nunca debemos olvidar que todos los equipos contrarios son rivales y el resultado depende de las fortalezas de cada grupo y no de las imaginarias debilidades del rival. Nunca se puede pensar que es fácil ganar antes del encuentro competitivo a pesar de que la mente nos envíe señales.

Por otro lado, dentro de la teoría de la motivación humana, tenemos que tener en cuenta que cuando un equipo se encuentra en una ligera desventaja genera un punto de referencia para esforzarse más, activarse en su 100% y con todos los sentidos focalizados en el partido. Estar en ligera desventaja puede ser bueno para poder salir a jugar con más hambre de gloria.

El tema de la valoración de los contrarios y de sí mismo produce cambios emocionales que influyen en el rendimiento. Se debe considerar a todos los rivales como iguales más allá del supuesto nivel de maestría. Esta percepción influye en el rendimiento quitándonos de antemano la posibilidad de demostrarnos mejores. Esa omnipotencia del otro nos “achica”, como vulgarmente se dice, y “arrugamos”.
Cada día es un desafío, cada oportunidad es un desafío, cada partido es un desafío, cada rival es un desafío. No debemos permitir que influya en nuestro juego el imaginario que poseemos del equipo del “próximo partido”: ¡Es mejor que nosotros! ¡Nunca le pudimos ganar! ¡Van primeros en la tabla! ¡Juega tal jugador!

Un equipo puede tener mucho deseo, pero si no hay motivación, si no hay voluntad, me quedo en el motivo y por mucho que arenguemos en el vestuario no tendrá ningún valor pues nos quedaremos en las palabras sin poder bajarlo a los hechos.
Si no queremos desperdiciar los momentos previos al partido ertel.com.ary sacar lo positivo de ese tiempo, no necesitamos pensar en quién tenemos en frente. El poder no se da ni se cede, se construye entre quince. Podremos ir perdiendo en alguna ocasión, pero eso no significa ser perdedores, ya que el futuro está lleno de posibilidades para quien se considera seguro en sus propias capacidades.

Lic Julia Alvarez Iguña
juliasports@fibertel.com.ar

Roles y dinámica de grupos


El deporte es competición, que nos impulsa a una meta que es ganar. Quisiera destacar la reflexión de Robert Weinberg, psicólogo deportólogo americano, quien dijo acerca de ganar y perder, "ganar y perder no sólo depende de lo que el deportista hace sino de lo que hace el adversario”; a lo que quisiera agregar: ganar o perder no sólo depende de talentos y habilidades sino también de las actitudes y de la cohesión grupal de un equipo.
Para poder ganar hay que brindarse al equipo hasta el final, desempeñando su rol y su función en cada tarea. El equipo necesita que confíen mutuamente, conocerse conociendo al otro en reacciones en momentos de conflictos y presión. Los grandes equipos se definen como grupos centrados en la tarea. Su principal característica es la cohesión: el motor que enciende el deseo de logros. Es la energía que se manifiesta en la producción de sus habilidades y en la fusión como grupo relacionando la parte emocional y motivadora de cada uno.

Un equipo sabe que el triunfo no alcanza sólo con la arenga, el discurso, las ganas, el deseo. Esto unicamente es solo el motivo de una acción, pero para el resultado hace falta motivación y voluntad en la consecución de logros compartidos. El valor del equipo no está dado por las capacidades individuales, sino por la combinación de talentos y habilidades, donde se crea una fuerza donde el todo es mayor que la suma de las partes.
De qué características hablamos cuando nos referimos a cohesión:

• Una visión compartida donde la identidad de cada participante se funde en la del propio equipo.

• Una comunicación abierta, lo que permite que el grupo se mantenga junto. Predomina el feedback donde la información es emitida, comprendida, dando permiso a poder hablar desde los sentimientos y necesidades. Esta sincera proximidad genera la formación de sólidos vínculos de trabajo, ya que une todas las conductas permitiendo una gran solidez grupal durante el partido.

• A medida que el grupo se cohesiona, se incrementa la adhesión a las normas y reglas explícitas.

• Un equipo cohesionado posee y se apoya en una filosofía y una cultura grupal.

• La cohesión aumenta la percepción de cada persona en particular y del grupo en general. Enseña a valorarse en sus atribuciones desarrollando sentimientos de orgullo e identidad. El buen conocimiento intergrupal ayuda a detectar problemas y a encontrar soluciones más rápidamente.

• Produce un aumento de la productividad deportiva ya que los equipos con una cohesión alta sobrepasan en la ejecución a grupos con una baja desunión e imagen de sí.

La cohesión es el concepto que tenemos de nosotros y se lo ve en la competencia. Si yo siento que mi equipo me ayuda. Es cuando lo que me pasa a mí, le duele al que tengo al lado, eso es pertenencia. En un equipo hay gente con overall y gente con talento, el voluntarioso y el creativo.

Los grupos son dinámicos. En diferentes momentos pueden predominar distintas situaciones, positivas o negativas, pero la solución es dada por el conjunto. La cohesión no es fija, fluctúa en diferentes momentos para luego recuperarse nuevamente predominando una fuerte adaptación al cambio. Si nos caemos tres veces, nos levantamos cuatro ya que el objetivo nunca se pierde ni se oscurece en sus bordes.

Cuando hablamos de equipo hablamos de sinergia, de la suma de las partes, es decir donde cada uno desde su función y rol, ya sea desde afuera o desde adentro, tiene una función que cumplir, donde se aprende a través del otro a dar y a recibir, a compartir, a permanecer juntos y unidos.

¿Qué es un equipo?


Un equipo es un grupo de personas que voluntariamente se unen en una actividad desempeñando diferentes roles. La palabra equipo proviene del escandinavo skip, barco y del francés equipage tripulación. Está relacionada al ámbito marino y muy merecida a sido su traducción. Un barco para llegar a destino necesita de diferentes roles que se ocupen de distintas tareas para llegar a buen puerto.

Según Pichón Riviére “un grupo consiste en una determinada cantidad de personas ligadas entre sí unidos por una mutua representación interna, quienes se proponen un objetivo que pasa a transformarse en su tarea o meta. Esta se desarrolla por medio de un proceso de asunción y adjudicación de roles (roles formales e informales)”.

Los rasgos de un equipo son: identidad, cohesión, pertenencia, espíritu de participación, comunicación, proximidad, recompensas grupales.

Pues bien, y ¿qué son los roles?

El rol es desempeñar y representar el papel esperado en una situación dada; es la manera en que una persona demuestra lo que se espera de su posición. El rol es una función que posibilita un proyecto concreto, en este caso, un objetivo en común de equipo.

Roles formales. Son los asignados explícitamente al puesto, de acuerdo a la jerarquía.

Roles informales:
Se forman a través de las interacciones entre los miembros de un grupo y dependen de la personalidad de cada uno.

Un jugador puede tener dos roles al mismo tiempo. Uno formal, que es el que le corresponde en el campo de juego, y otro informal de acuerdo a las características personales de cada uno.

En un equipo se necesitan los roles formales, como así mismo los informales. Por ejemplo el capitán, posee un rol formal de jerarquía, es el representante del equipo, pero fuera de la cancha se desempeñará de acuerdo a sus características personales, el consejero, el social, el motivador, etc.

Cuando los miembros de un grupo comprenden la claridad del rol, se produce la ejecución del rol consolidando y mejorando la eficacia. Por el contrario, cuando un equipo no se siente seguro, se apoya en la figura estrella del equipo esperando que resuelva la situación mirando al director técnico como gran padre que asiente la acción. El equipo busca inconscientemente su protección, delegando en él la responsabilidad de la acción, quien asume dicha responsabilidad tomando nuevas desiciones.

Muchas veces no están de acuerdo a lo entrenado en las prácticas, dejando al resto confundido y desorientado en cómo apoyar y responder, surgiendo así la confusión. Luego ante la misma jugada no se sabrá si realmente es lo planeado o si se deja a ese jugador volver a repetir su jugada individual.

Tipos de roles en un grupo ¿Qué clase de equipo tenemos? Según Pichón Riviere encontraremos distintos tipos de roles informales que interactúan en un grupo.

El líder: el que posee capacidad de tomar iniciativas, convocar, promover, dirigir e incentivar.

El motivador: es el motor del equipo. Se conduce con actitud positiva, levanta la moral del grupo, clarifica y no se aparta de las metas.

El gracioso: el que sabe descomprimir una situación con su humor, atrae por su espontaneidad y buen talante.

El social: organiza y planifica reuniones grupales de esparcimiento en busca de la unión grupal.

El paternal:
sabe escuchar, aconseja, pone límites y recuerda normas. Es el que brinda apoyo y contención. Es solidario y compañero con las demás personas del grupo.

El coordinador: ayuda a lograr un mejor clima social. Recoge información y por medio de su pensamiento sistemático, clarifica y ayuda a poner en juego lo pensado.

El portavoz: es quien se hace cargo de las situaciones grupales, las fantasías y ansiedades que prevalecen y las necesidades del grupo. No habla sólo por sí mismo y sabe representar a los demás.

El observador: no es el de mayor participación, pero recoge de una manera objetiva la información del medio para ser trabajada. Ayuda al coordinador en la puesta en marcha de técnicas de conducción. Habla poco pero dice lo preciso.

El moderador: es la persona que interviene en los procesos de la comunicación, aclarando los contenidos manifiestos en el discurso del grupo, poniendo calma en el proceso.

Cuando hablamos de estas cualidades nos referimos a un equipo líder, ordenado, observador, comunicado, social, con humor, normativo, voluntarioso, disciplinado. En la interacción con un grupo podemos sacar lo mejor (solidaridad, camaradería, apoyo, compañerismo) o lo peor (agresión verbal o física, celos, violencia, boicot).

Es así que también podemos encontrar otros roles y características informales.

El amorfo: no tiene una estructura y personalidad determinada. Se conecta y se desconecta según la ocasión. No se juega por sus ideales, es el jugador seguidor.

El oportunista: aparece de vez en cuando, sobretodo en los momentos de éxito reclamando cosas que no merece. El poco participativo, escucha pero no opina, no se juega. El quejoso: que se victimiza, ya sea de las circunstancias o de las otras personas. Siempre ve una intención maligna en su contra. Se centra en la teoría conspirativa.

El criticón: pone de manifiesto los defectos de los otros tratando de atraer la atención a sus propias virtudes rebajando a los demás.

El autoritario: se opone a la libertad de pensamiento, a la creatividad, a poder construir entre todos, al consenso, a la escucha libre. Es el portador de valores absolutos. Siendo la libertad una de las características del deporte, parece un contrasentido que todavía encontremos personas ejerzan el autoritarismo y otras que necesiten someterse.

El saboteador: dificulta los proyectos y atenta contra la opinión y tareas del consenso. Siempre hay una resistencia al cambio por miedo a lo nuevo o por miedo a no poder desempeñarse bien.

El desordenado: llega tarde, siempre le falta algo, esta apurado, pide prestado y no devuelve.

El individualista: siempre quiere tener la pelota y anotar puntos, aunque el que tenga al lado esté con mayor posibilidad de try. No deja jugar a los demás creyéndose que es el mejor.

El chivo emisario: es el miembro del grupo en el cual se proyectan aspectos negativos o atemorizantes, es la figura donde recaen todo lo malo que los otros integrantes ven. Si el sujeto se hace cargo de sus funciones termina jugando y desempeñando ese rol, dañando su autoimagen y con peligro de una total segregación del grupo. A veces se asume por seguir perteneciendo al grupo.

El lesionado: siempre necesita que le presten atención ante sus dolores. Su lesión es un beneficio secundario para ser atendido por el kinesiólogo o entrenador. Juega el rol de “el pobrecito”. El caprichoso: “Si no me pone me enojo, me voy, no entreno, el que entró no es mejor que yo y a mi no me pone”; comentarios usualmente escuchados.

El rebelde: no acepta las consignas, ni las normas grupales. Quiere pasar por encima de los demás, muchas veces de su entrenador. El que se las sabe todas, no acepta reglas. Hace la jugada genial y te salva el partido o logra que lo expulsen y deja al equipo con uno menos.

Estas son las características de un equipo amorfo, criticón, oportunista, individualista, lesionado, quejoso, autoritario, desordenado, que necesita poner todo aquello que no logra en un personaje que lo actúe, el chivo emisario. Sería importante poder aclarar como se ven los jugadores, qué piensan de sí mismos y de los demás.

¿Se respetan entre sí, están dispuestos a sacrificios personales en pos de equipo?
¿Sabe cada uno cual es su rol dentro y fuera de la cancha? ¿Qué tendrían que cambiar?
¿Pueden escucharse más allá de una crítica sin tener que defenderse por medio del grito o la indiferencia?
¿Pueden reconocer las pequeñas diferencias que hacen un todo a la hora de competir?

Siempre encontraremos diferencias en un equipo. Será tarea del entrenador o capitán de lograr objetivos en común para despertar asimismo actitudes pensadas en común.

Todos son importantes a la hora de jugar. Para hacer un try, se necesitará un forward que robe una pelota para pasársela a un wing, y que hará presión para pasar la cortina defensiva del contrario y dársela a un compañero que está sin marcar para aprovechar la posición de try. ¿De quien es el mérito, del que comenzó la jugada, del que puso el cuerpo y se comió un tackle defendiendo, del que llegó a la zona del ingoal o del que apoyo la pelota? ¿La que llegó mas allá de toda presión o del que hizo el try? Buena pregunta para pensar.

Hay muchos jugadores que no figuran, que no son los tryman pero que igualmente se sienten orgullosos por su lugar en la cancha. Son los obreros del equipo. Otros no participan en el partido en sí, pero igualmente forman parte de él, son los suplentes que llevan encendida la esperanza por poder entrar aunque sea 5´. Muchas veces no reconocen su convocatoria y se quejan por no ser tenidos en cuenta cuando lo importante es que han llegado al plantel superior. Algún día serán los jugadores fijos y otros los sucederán, dando el ejemplo de la perseverancia y alentando a sus nuevos compañeros.

La importancia de la rutina antes de patear


Esta es una técnica usada por muchos jugadores y profesionales que ayuda a lograr mayor concentración y aislamiento de elementos que pueden descentrar al jugador de su objetivo. Son movimientos que se realizan antes de pegar, y que se repiten siempre de la misma manera, pase lo que pase. Cada jugador (tenis, golf, polo, etc.) tiene su rutina especial y la repite a lo largo de un torneo. Lo ayuda a lograr una mayor relajación corporal y genera mayor fortaleza mental.

El jugador toma su posición exacta encuadrado a la línea de los palos, automatiza la sensación del golpe bien ejecutado, ya que esa jugada la ha repetido infinitad de veces por medio de su entrenamiento mental. Esa conducta repetida va transformándose en hábito obteniendo la confianza necesaria en el tiro y logrando un objetivo más concreto.

El sistema de rutinas ayuda a que el jugador se aísle de las presiones externas (silbidos, gritos, cantos, resultado) y se centre solamente en lo que tiene que hacer, evitando que cualquier otro estimulo lo saque de su objetivo. En situaciones de competencia, la presión del ambiente puede ser tan grande que la mente no esté 100% en la acción. Para ello se realiza siempre la misma rutina elegida por el jugador, se respira profundamente y se deja que el golpe salga solo acompañado por pensamientos de triunfo.


Otro tema que surgió en el partido fue el comentario por parte de los ingleses acerca de que los Pumas estaban cansados. Desde mi lugar podría interpretarse como una manera para desconcentrar al equipo y hacerlos creer realmente que estaban cansados, haciendo jugar a Los Pumas desde ese lugar. Decirle al otro que está cansado es una manera de tocar la autoestima y sacarte del partido ya que el pensamiento se pierde en el discurso del rival. Más aun cuando en esta semana entrenaron como nunca y desde afuera nosotros nunca afirmamos o vimos lo mismo. Creo que en cierta manera se lo creyeron, sino no le hubieran dado tanta importancia al comentario que decían los contrarios. Pero los ingleses buscaron justo el lugar por donde más lastimar y bajar la moral de los Pumas.

Perderse en los comentarios del rival es una manera de perder atención. No importa lo que el otro diga o comente hay que seguir jugando por el objetivo propio sabiendo muy bien quien es uno. Nadie te puede sacar del objetivo en la obtención y la lucha por el propio deseo del equipo. Esta también fue una táctica psicológica usada por los ingleses para desconcentrar y sacar a Los Pumas del juego.

Lic Julia Alvarez Iguña
Psicóloga especialista en Deporte de Alto Rendimiento
juliasports@fibertel.com.ar

Desafíos, fortaleza, mente y corazón

En el inicio de cada campeonato se comienza junto a él todos los sueños, objetivos y metas de cada uno de nosotros.

Implicará esfuerzo, dolor, sacrificio, paciencia. Algunos partidos se ganaran, otros se perderán, pero eso no quitará el desafió de poder seguir adelante mejorando hasta alanzar la meta final.
A veces no será fácil sobrellevar el fracaso, la pérdida; pero cada jugador descubrirá que el pesimismo y la derrota, son palabras que pesan, paralizan y limitan la búsqueda de nuevas soluciones hacia la excelencia deportiva.

El éxito es efímero; la victoria una consecuencia del partido. Es esperada, deseada por todos, pero no debe ser una búsqueda incesante. No nos debemos volver adictos al resultado. Ganar no asegura el siguiente partido, o el próximo campeonato.
Luego de saborear la gloria, hay que volver al campo de batalla con las manos vacías de trofeos y medallas, y con las mismas energías de medirse en un nuevo encuentro.

No quedar solamente focalizado en ganar no es fácil en una sociedad marcada por el éxito y el reconocimiento. Resultado, palabra tan escuchada y pensada, sin percibir que es la primera percepción que dispara “Presión”. A veces los números pesan tanto, que nos olvidamos de jugar. Es cuando el futuro invade la mente y nos impide centrarnos en el presente del juego.

Todos quieren ganar, pero muchos no están preparados para ello. Falta lo imprescindible, que es darse al equipo y al partido hasta el final. Un equipo que se cree ganador, no sale a la cancha como espectador a presenciar el triunfo de los otros, sale a liderar el juego.
Un equipo campeón, no sale a competir con los demás, sale a demostrar ser un equipo competente; se juega en cada minuto hasta que el referee da por terminado el match.
Un equipo campeón, es el resultado de la suma de talentos que forman un todo, quienes dejan que las situaciones aparezcan para ir venciéndolas en el camino una a una.

Los equipos, los ejércitos y los hombres que han hecho historia han tenido que pasar por demasiadas adversidades. Las personas que toman la posibilidad del fracaso o del error, como posible resultado, son los que nunca llegan, ni siquiera a poder probarse; directamente huyen y no actúan.

Cada equipo, cada jugador, sabe que el camino es largo, y que en el momento menos pensado alguna adversidad y la no invitada “sorpresa” aparecerá.
Son todas situaciones esperables de juego. Eso es el deporte. Así en la vida como en una competencia se debe estar preparados para soportar conflictos, pero la diferencia radicará en como cada uno de ustedes enfrenten la dificultad.
Dos equipos pueden poseer las mismas habilidades físicas y técnicas a la hora de jugar, pero la victoria será para aquel que posea mayor fortaleza mental, en las decisiones, en aquel que juegue con “corazón ardiente” y “una mente calma”.Un partido es una batalla de situaciones, de nerviosismo, de silencios interminables, de inquietud y angustia, de gritos y aturdimiento, donde solamente las ganas y los buenos pensamientos no alcanzan para ganar. Es cuando la lucha nos pide, coraje y creatividad, riesgo, desafió y resolución.

Para terminar quisiera recalcar las últimas palabras del video.

“Es una sensación muy agradable, llegar al final de una etapa, con la conciencia del deber cumplido, obtener el reconocimiento de los compañeros y la admiración de las personas que amamos.
Oír el propio nombre con orgullo.
Aquel orgullo de quien vio en los obstáculos la oportunidad de crecer.
El orgullo de quien supo enfrentar las turbulencias de la vida y vencer.
El orgullo de ser un vencedor que nos abrió el camino de los valores fundamentales”

El Haka o como ganar con ventaja psicológica


Pensar en competencia genera estados emocionales, que muchas veces exceden al equipo en general, y al jugador en particular. Es el momento donde se debe demostrar y poner en juego todo lo asimilado y practicado en la semana, donde los estados emocionales se tensan, dejando muchas veces en falta al jugador.

En toda competencia, batalla, lucha, enfrentamiento, hay una puesta en escena del deseo en una meta a cumplir, que lo conecta con el placer y con la satisfacción del trabajo bien hecho. El triunfo, luego del esfuerzo, es acompañado por un sentimiento placentero relacionado a la autoestima y al cumplimiento de los ideales. Pero no todo en una competencia es juego, ya que cuando se filtra la presión, dejamos de jugar, nos gana el nerviosismo y, entonces, no es tan fácil poder jugar los 80 minutos.

Ya en el vestuario, la fiebre o la tensión del pre-arranque produce una aceleración de los procesos psicológicos y emocionales, que disminuye la confianza y la posibilidad de alcanzar un buen resultado. Por lo tanto sostenemos, que es importante poder centrarse en el nivel óptimo durante los momentos previos al partido.

De nada servirá mucha arenga si no hay deseo y voluntad de ganar; si no podés salir a jugarte por tu deseo, por tu objetivo, por tus ideales. Es cuando debés transformarte en guerrero, y en héroe de tu propia película. La importancia de ésta, no se medirá según cuantos espectadores la vean, sino en la producción, en la ejecución, en los roles desplegados por cada actor, en fin, en los ideales puestos en juego.

Ahora bien, sabemos que en un partido hay presión, y muchas veces transformamos la realidad de acuerdo a la interpretación emocional que hacemos de ella. Cualquier situación puede caer bajo una idealización deformada, provocada por la misma sensación de miedo ante todo lo desconocido, que se nos presenta como desafío.

Cada día es un desafío, cada oportunidad es un desafío, cada partido es un desafío, cada rival es un desafío. En mi trabajo, con equipos o jugadores, siempre es una lucha de antemano tratando de cambiar la percepción que se tiene del equipo del “próximo partido” -¡es mejor que nosotros!, ¡nunca le pudimos ganar!, ¡van primeros en la tabla!, ¡juega tal jugador!-
Contínuamente aparece la sombra del otro imaginario, a quien se pone en un lugar de omnipotencia y superioridad, el cual nos quita de antemano la posibilidad de demostrarnos mejores. Esa omnipotencia del otro nos achica, como vulgarmente se dice “arrugamos”.

¿En qué lugar ponemos al adversario, y en qué lugar nos colocamos nosotros? Más allá del rival, un equipo ganador no es aquel que se mide con el adversario en cuanto a quien tiene más que el otro, sino en el que sabe salir a jugar con mayor ventaja psicológica.

Un claro ejemplo es la ceremonia que realizan los All Blacks antes de comenzar un partido: El Haka. Esta es una clara estrategia e inteligente invención para poner distancia y atemorizar al rival, en una puesta en escena, dentro de otra escena artificial y preparada, por medio de la utilización de una danza, cuyo fin es “meter miedo” al rival.

Este proceso psicológico genera temor proyectándolo hacia afuera -lo que tengo adentro lo pongo afuera, en el otro-, lo que produce dentro del equipo una mayor unión, cohesión grupal, sentido de identidad y pertenencia y ausencia del miedo, porque lo coloqué en el adversario.

Se ha demostrado, que las personas en estado de ansiedad, tienden a concentrarse inconscientemente en estímulos amenazantes del ambiente externo, como asimismo, los equipos con características depresivas, tienden a recordar con mayor claridad momentos de pérdidas y situaciones difíciles del pasado.

En este proceso interactúan dos elementos: el comportamiento y la influencia del ambiente, donde los elementos estresantes, precipitan la conducta en más o en menos. De acuerdo a cómo me pienso y a lo que me dice el otro, así actuaré.

Orígenes e historia del Haka
Los orígenes del Haka se remontan a las grandes guerras tribales de Oceanía -Samoa, Islas Fiji, Tonga- donde se realizaban estos rituales de origen maorí para infundir tensión y atemorizar a sus rivales. Esta danza poseía características bélicas, se realizaba únicamente antes de comenzar la batalla para infundir miedo al rival. Cada tribu tenía una danza distinta que la diferenciaba de las demás generando la identidad y el orgullo de pertenecer a determinada tribu o clan.

El Haka es hoy en día un símbolo y una manera de identificación nacional para la población neozelandesa, con el objetivo de confirmar y no olvidar sus raíces, diferenciando a la población descendiente de los maoríes de la población descendiente de los primeros colonizadores británicos. Esta danza fue utilizada por primera en 1905, en un partido que enfrentaba a Nueva Zelanda con un equipo de Inglaterra. Este partido tuvo una característica simbólica: reivindicar los derechos políticos y culturales de los aborígenes libres frente al colonialismo y dominación británica. En 1907, una orden real declaraba a Nueva Zelanda como nación soberana. El Haka poseía dos versiones: la “Haka Ka Mate” y la “Haka Kapa O Pango”, que es la que fue inventada de un modo más provocador para los partidos de los All-Blacks. Su letra y sus movimientos son más agresivos, con acentos puestos en la supremacía y victoria del equipo sobre el rival.

Qué debemos hacer frente al Haka

¿Qué es lo que sucede con el otro oponente? En este ejemplo, los All Blacks, más allá de ser un equipo con poderío propio, logra sacar al rival de su concentración inicial, donde éste queda disminuido en sus capacidades y habilidades deportivas. Siempre hemos afirmado la importancia de la preparación previa al partido, pero ésta desaparece ante la ostentosa y teatral danza guerrera que despliegan.

El equipo se asemeja a 15 guerreros listos para entrar en combate. Sus cuerpos cubiertos con tatuajes, sus gestos exacerbados y furiosos, el movimiento de sus ojos abiertos y su lengua, generan pánico al más poderoso rival, el cual queda inhibido logrando su cometido: sacarlo del partido. El Haka es un ritual anterior al combate, cuyo fin es disminuir el miedo propio escénico, colocándolo en el otro desconcentrándolo.
En lugar de utilizar palabras, las desplazan por medio de un lenguaje corporal, demostrando poder por medio de la danza. El haka posee un efecto intimidatorio. Genera una sensación que les da el hándicap de ser los mejores, apelando a un mecanismo defensivo implícito que significa “no existís, no te veo, no sos nadie, sos un objeto más de nuestro poder”. Incluyen a los contrincantes dentro de una escena, donde los rivales, participan o no de acuerdo a su poder de confrontación. Algunos no se involucran dándoles la espalda, otros los enfrentan cara a cara, otros se sostienen en silencio únicamente por medio de un abrazo, en conjunto, apretando sus camisetas hombro a hombro.

Si estamos hablando del deseo del ser humano, que busca el placer que le genera una acción bien realizada ¿De qué deseo estamos hablando? En este caso, de un deseo otorgado al otro. Yo ya no me juego por lo que quiero, me pongo a jugar en el lugar que me coloca el rival y ésto es lo que no debo hacer.
Desde el psicoanálisis, decimos que dentro de la vida afectiva, el otro siempre cumple una función de: modelo, auxiliar, objeto o rival y para poder cumplir con sus necesidades no puede prescindir del vínculo con el otro.

Por más que no lleguemos a jugar como los All Blacks, podemos tratar de despertar en nosotros ese espíritu guerrero y místico, identificándonos con el valor necesario del atleta guerrero, que se inviste de la fuerza necesaria para enfrentar la contienda. Si esa “película” que se hace el jugador es lo suficientemente fuerte, el resultado de su rendimiento será óptimo.
Si tuviéramos la posibilidad de generar esta mística en cada club, en cada equipo sumaríamos una posibilidad de motivación y confrontación más segura ante el otro.

Esa preparación previa o pre-arranque, puede ser lo que marque la supremacía de un equipo sobre el otro. Si tu equipo ha trabajado y entrenado duramente por lograr un objetivo, es el día del partido donde debés demostrar la valía y el deseo colectivo de tu grupo de poner en escena que es y jugarse por lo que tanto ha luchado. En este punto podríamos insistir en algunas cuestiones que ya hemos tenido en cuenta, por ejemplo aquello de “deseo versus voluntad”.





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Identidad, pertenencia y cohesión grupal


Hablar de rugby, es hablar de equipo. Su valor, esta dado por la suma de capacidades individuales, y la combinación de talentos y habilidades unidos en un fin común.

En un “equipo”, no sirven personas aisladas, talentos individualistas, o jugadores estrella; es lo que genera obstáculos a la hora de jugar, producen rivalidades, celos, hostilidad, fallas en la comunicación impidiendo el trabajo en común. Cuando trabajamos con un equipo, se debe combinar la capacidad individual con una consciencia integrada de identidad y pertenencia, y no en un ideal motivado solamente por el ego y la figuración.

Es poder relacionarse con lo más grandioso de cada uno, renunciando a intereses personales y motivados por una meta en común. Cuando hablamos de “quince que son uno”, nos referimos al proceso de cohesión grupal, a la tendencia a mantenerse y permanecer unidos en la persecución de metas e ideales.

En los trabajos de cohesión, se debe desarrollar una fuerte estructura, trabajando posibles conflictos interpersonales que generan tensión a la hora de jugar. Es importante desarrollar un dialogo claro, sincero y abierto, ya que lo que no se trabaja en el equipo, se comunica luego con la pelota. En cuanto a la comunicación, implica la capacidad de suspender supuestos y entrar en un verdadero “pensar juntos”, prevaleciendo el equipo por encima de lo individual.

Es una escucha abierta, no sólo de éxitos, sino también de conflictos, discrepancias, insinuaciones y quejas. De nada sirve “tanto músculo y fortaleza física”, cuando el jugador se siente vulnerable ante sugerencias, criticas o negando escuchar aquello que no quiere oír porque lastima, hiere la autoestima. Estos son procesos que produce desinformación, verdades a medias, falsas interpretaciones y mentiras disfrazadas para poder quedar bien.

Cuando trabajamos en la cohesión grupal, igual que en toda organización debemos partir de una visión, misión y filosofía conductiva. La visión, será obviamente la persecución de metas deportivas a largo plazo, como ser: entrar en la rueda del campeonato, obtener el ascenso, etc. La misión, es la brújula de navegación, los principios y mecanismos para cumplir con los objetivos. Esta basada en una filosofía, una cultura, objetivos, valores, creencias, principios y lineamientos. Por ejemplo la misión de un club, pueden estar sustentadas bajo las palabras: RESPETO, COMPROMISO Y ACTITUD.
Cada equipo formará las palabras bases de su misión. También es útil la incorporación de un lema, un himno, o un dicho, para sentirse unido antes de un partido, o en situaciones adversas como manera de sostén ante un fracaso deportivo. Muchos equipos crean un nombre y un logo con las características con las cuales se identifican, junto a su camiseta. La mayoría de los grandes equipos lo posee: Pumas, Leonas, Mosquitos, Las Aguilas, Dream Team, Tigers, Lions, Springboks, etc

Asimismo, ubicar carteleras en los vestuarios donde se colocaran los logros, fotos, banderas, mensajes, comunicaciones, ayuda a compartir y obtener un lugar de referencia y motivación. La incorporación de todos estos elementos, instalan el orgullo de pertenecer, crean una sólida unidad, unifica y cohesiona, despertando en sus integrantes el privilegio de poder representar a ese equipo. El sentirse parte de un todo genera confianza, despliegue de creatividad y aptitudes, como así mismo cobertura o complementación de déficits.



Esta matriz grupal permite la creatividad, el saberse apoyado por el que tengo al lado, el poder tener confianza para pasar la pelota a el que me la pide, el poder desplegar la fantasía y la “locura” mas allá de la técnica para hacer “la jugada”. Es un dejarse llevar por el juego, donde cada jugada esta ahí, esperando para ser realizada, con toda la espontaneidad, destreza y habilidad de un equipo campeón.

juliasports@fibertel.com.ar

El equipo interdisciplinario

Cuando hablamos de equipo, el jugador no esta solo sino apoyado por un grupo interdisciplinario que lo acompaña y trabaja junto a él.
Entrenadores, preparadores físicos, médicos, kinesiólogos y psicólogos deportivos, son en sí, todos entrenadores de diversas habilidades, y destrezas al servicio del jugador.
Unos entrenan en lo táctico y estratégico, otros en lo físico y otros complementan e integran el entrenamiento psicológico y mental.
El poder trabajar dentro de un equipo interdisciplinario, da ventajas insospechadas en la consecución de logros. Esto se obtiene en una conciencia colectiva de trabajo, a través de canales de comunicación abiertos en una sola dirección: la meta del jugador.
La obtención de una percepción mas globalizada del jugador en sus progresos, y un seguimiento en sus necesidades, da la posibilidad de desarrollar planes y metas de trabajo, para poder ir reforzando aquellos puntos que el deportista o equipo necesite ante cualquier obstáculo que se presente.
El equipo deportivo funciona dentro de una filosofía de trabajo en común en función de:
Conocer el estado inicial, del jugador para poder hacer un buen diagnostico de sus condiciones físicas y psíquicas. Plantear con claridad y exactitud objetivos para incentivar su motivación y actuación en competencias.
Planear objetivos a trabajar por medio del establecimiento de metas a corto, medio y largo plazo, ya sean técnicas, físicas, o psíquicas.
Manejo y puesta en marcha de habilidades deportivas y mentales
Seguimiento del jugador evaluando sus progresos o implementando un plan alternativo de refocalización de tareas a trabajar.
Así mismo, el equipo debe manejar los mismos códigos para que el atleta reviva el mismo mensaje con el objetivo de que no dude de lo que busca y en como conseguirlo. Cuando el jugador sabe lo que realmente quiere y lo ve (ayudado por el entrenador y el psicólogo) lo puede poner en juego, sintiéndose seguro y respaldado por el equipo, sabiendo a quien recurrir de acuerdo al problema que se suscite en el juego.
El poder trabajar en conjunto ya significa ganar logros, y habilitar las condiciones para intervenir eficazmente por medio de teorías y técnicas específicas aplicadas al deporte, con el objeto de maximizar el rendimiento y el desarrollo personal del jugador.
Esta continua interacción, da paso a una identidad global de equipo, caracterizada por un sentido compartido de objetivos, estructurado por modelos de conducta, interacción y comunicación en común.