Julia Alvarez Iguña

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Lic Julia Alvarez Iguña

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Psicología aplicada al Golf

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Dinámica grupal de comunicación después de un partido


Una manera de evaluar cómo está el equipo, consiste en la aplicación de entrevistas y cuestionarios a los deportistas, con el fin de detectar cuales fueron las conductas y emociones sentidas en un partido, tratando de encontrar información a cualquier tipo de alteración psicológica que, de no tratarse a tiempo, podría interferir en el posterior rendimiento deportivo

Estas fueron las respuestas obtenidas después de un partido por los jugadores.

1.   “Estamos desconcentrados. No tenemos posiciones fijas y jugadas individuales. Inconductas y penales tontos”

2.   “Noté una desconcentración total de los quince, sentí mucha culpa por la jugada que no me salió al final del partido”

3.    “Presión, sin tackle, sin defensa. Nos va a pasar lo mismo el sábado que viene, No encuentro una explicación. Hay un equipazo y no logramos resultados ”

4.   “Dentro de la cancha falta de unión y onda. Nos llevan por delante. No hay equipo. Solo tres demostraron técnica de tackle y posiciones”

5.   “Nos vamos al descenso y tengo bronca y miedo. Si seguimos perdiendo ¿Cómo vamos a hacer contra XXX? Nos va a pasar lo mismo. Hay que mejorar en tener la pelota”

6.   “Jugadas de line, no dan bola al 9. No nos desconcentramos, pero nos dispersamos. Nos falta corazón

7.   Falta de confianza. Juegan más con los importantes. Problemas de cabeza”

8.   “Si no cambiamos nos vamos a la B. Hay compañeros que no respaldan  ni defienden. Falta actitud, compromiso de obtener metas. Es un equipo fino, pero de vestuario frió. Falta lo interno, lo individual y colectivo. La emoción contagia, eleva el espíritu del equipo. Sin garra ni corazón, no se puede jugar

9.   Juegan a cumplir. Salen a no aguantar y a figurar. Los tacklean y no se levantan, y si lo hacen lo hacen tarde. Corren a no llegar. Siempre dependen de un salvador y que hoy no hubo. El equipo se rinde, son cagones, amargos. No sabe más que decirle. No tienen sangre, no les duele. El va con todo pero hay muchos jugadores que son gallinas. No hay amor propio.

Si tomamos el discurso individual de cada jugador, de una manera global, encontramos un equipo desvalido, desesperado, sin confianza en sí mismo, ni en los demás, con pensamientos extremos y centrados en el resultado.
Subyace un miedo inconsciente, una señal que indica una desproporción entre lo que se enfrentan y los recursos con que cuentan.
El miedo siempre va a estar. Es inevitable, pero depende de la capacidad del equipo de enfrentarla y tomarla como un desafió y no como un obstáculo. Si van a perder, ir a perder sin miedo, al menos persistir en el intento. Dará bronca pero no queda nada adentro. En la vacilación, en porque no se hizo esto o lo  otro, se permanece en la duda. Hay que trabajar con rendimiento, después mirar el resultado.
Para ello hay que trabajarlo tanto individualmente como colectivamente. El miedo en sí mismo no existe, sino en la imaginación de cada jugador, en el error y en volver a repetir esa situación. Temor a re-encontrarse con el intolerable sentimiento de angustia que genera. Estamos hablando de un miedo emocional, de un miedo psicológico. Cuando tiene mucho peso la connotación de la acción se compite contra eso.
Hay un jugador que habla de culpa, que es lo que generalmente se asocia con la derrota. El temor a cometer un error, fallar, es una de las características que impide la acción, que inhibe el impulso hacia los logros. Recordemos también que cuando hablamos de culpa, hablamos de una acción implícita, y nadie tiene intención de hacer una mala jugada. Si no salió, ya saldrá.
“Nos va a pasar lo mismo” Este es un pensamiento polarizado, una tendencia a ver las cosas en términos absolutos, en blanco o negro que conduce al deportista a categorizar todo, bien como un éxito o un fracaso total, más que aprender de todas las experiencias. Hay que desarrollar la conciencia que lo importante es hacer bien las cosas, y si creen que van al descenso, van a descenso. Profecía autocumplida.

El entrenador John Wooden, del equipo de básquet de Los Ángeles, se convirtió famoso por su dicho “el equipo que comete la mayor cantidad de errores, será el equipo ganador”. Si lo analizamos en detenimiento, es correcto. Se basa en que un equipo hacedor comete errores, y decía “Yo quiero hacedores en mi equipo, jugadores que hagan que las cosas pasen”. Esto es la antítesis de lo dicho por los jugadores: no tacklean, no llegan, no pasan la pelota, nos llevan por delante, nos tacklean y no nos levantamos, depender de un salvador, etc.; o sea, no es un equipo de hacedores, se evitan jugadas porque el miedo los inhibe. La mejor manera de no equivocarse es no hacer nada ¿no?
Concentrarse en los errores no ayuda a la excelencia. Se debe lograr un cambio en el pensamiento general. Acordarse solo de las buenas jugadas. El éxito del partido anterior, hay que aprovecharlo para cambiar la cabeza, para demostrar que sí se puede. En un partido suceden muchas cosas buenas y malas. Lo negativo solo permite reaccionar de la misma manera. De lo contrario si el jugador juega con confianza, ante una situación peligrosa la realizará de acuerdo al sentimiento de grandeza de sí. La autoconfianza se piensa hacia atrás y hacia delante, se alimenta de logros y recordemos que las personas sólo son capaces de realizar aquello que creen que pueden hacer.

Julia Alvarez Iguña

Comunicación y trabajo en equipo

La importancia de la comunicación



En todo equipo, un importante porcentaje de triunfo está dado por la comunicación. Comunicar es hacer al otro partícipe de lo que uno siente, de lo que piensa, transmitiendo señales mediante un código en común. En el proceso de la comunicación hay un emisor, quien es el que envía el mensaje hasta un receptor que lo recibe interpreta y decodifica.

Los mensajes deben ser claros y concisos. Si estos son confusos, no completando una idea o pensamiento, es probable que provoquen ruidos o interferencias en la comunicación, ya que el significado para uno puede ser distinto al que le da el otro.
Siempre se está comunicando. Una conducta comunica. Un pase, un gol, un estado anímico comunica, y lo que no se practicó y no se aclaró en el entrenamiento de la semana, lo comunica el resultado.

Durante un partido con mucha presión, una palabra puesta a tiempo ayuda a bajar la adrenalina y a equilibrarse de nuevo en el partido. Por el contrario, hay momentos donde la sobrecarga en la información es tanta, que los jugadores no la soportan, sacándolos del partido. El 50% de la atención está en el juego y el resto decodificando los mensajes que vienen de afuera de la cancha. Para eso el jugador debe entrenarse en que escuchar y en que no.

Asimismo, dentro de la dinámica grupal, el equipo tiene que prestar mucha atención a las palabras que utiliza para dirigirse entre ellos para señalar un error. Si alguien se equivocó hay que alentarlo: “no importa, ya va a salir, confió en vos”. . Si se insulta a un compañero, lo único que se logra es bajar su confianza y que tema cometer nuevamente el error, para no confrontarse con la consiguiente recriminación. En esta situación, otra vez la atención está centrada más en quien tengo a lado que en el partido mismo. A veces el grito que levanta a un jugador a otro no le sirve, lo desinfla. Por eso, se deben conocer las particularidades, las reacciones y los valores de cada uno. La utilización de palabras positivas sube el ánimo del equipo y crea un ambiente de tranquilidad.

Si encaramos científicamente el deporte no podemos dejar de lado a la comunicación. Muchas veces lo pensamos exclusivamente desde el lenguaje, la denominada comunicación verbal, aquella que se genera por medio de la palabra. Pero no es la única forma de comunicación, están justamente aquellas denominadas no verbales que se registran por medio de movimientos, de gestos, posturas, miradas y que definen el cómo por medio de movimientos corporales. Justamente la postura de una persona o jugador es nuestra manera de presentarnos, en un ámbito laboral o en la cancha. El estudio de la postura nos brinda mucha información del estado de ánimo, la motivación y la confianza presente del jugador o equipo. Información que también puede tomar el adversario para aprovechar y sacar ventajas.

La postura cansada transmite una auto-imagen baja, mientras que una postura erguida expresa control y valentía. Si caminás o corrés de una manera lenta, fatigado, con la cabeza baja, denota pasividad, un trote activo demuestra sentido de control y confianza. Ya que venimos afirmando que toda conducta comunica, ésta es buena información para ser tenida en cuenta cuando veamos que el contrario muestra un lenguaje corporal negativo. Éste será el momento de aprovechar la situación ya que se encuentra desmotivado con pensamientos de desgano. El equipo tiene que saber leer la gestualidad del contrario. Los equipos ganadores no demuestran casi nunca su estado de ánimo y aunque realmente se sientan cansados o abatidos, no lo demuestran, mostrando un estado de total confianza y listos para el ataque.Ahora bien, a la descripta lectura de la postura, debemos agregar el contacto visual. Si miras directamente a los ojos del contrario cuando se prepara realizar un tiro de presicion y éste te dirige la mirada por un momento o mueve los ojos podes saber que no está concentrado o que no se siente seguro de sí mismo, ya que la atención es la focalización de la energía en un solo punto respondiendo lo corporal al estímulo recibido. La mirada también expresa los sentimientos o emociones que sentimos y dirigimos a los compañeros o hacia los contrarios, donde el afecto es totalmente distinto. A veces, un gesto o una mirada “pega” más que una palabra.

Un último elemento a considerar es la voz .“No es lo que se dice, sino cómo se dice”
; no es tanto el contenido sino la forma de comunicarlo. Debemos prestar total atención al tono en que mandamos mensajes al equipo, ya que las palabras positivas con su correspondiente significado y acorde a su tono, son muy importantes para el entendimiento grupal. Cuando nos dirigimos a los rivales, tenemos que demostrar un tono de superioridad para intentar hacerles pensar que estamos por encima de ellos, siempre dentro de límites coherentes.

Sugerencias para el entrenador


foto Caloi

» Debe demostrar que explica y escucha atentamente a sus jugadores. Con frecuencia, éstos lo consideran una figura autoritaria y paternalista, donde el que manda no admite reproche alguno. En toda comunicación grupal debe existir un canal abierto para que los jugadores puedan manifestar sus estados de ánimos o dudas sintiéndose respetados y escuchados. Ciertos jugadores no se atreven a preguntar ya que tienen miedo a ser considerados débiles o ser sacados del equipo, por eso el entrenador debe ir a buscarlos.

» Si el entrenador vocifera críticas a algún jugador de la cancha por medio de gestos o palabras, delante de los jugadores que están en el banco, éstos también pueden interpretar que hará lo mismo ante un error semejante, y en este caso ya no jugara por el equipo sino por miedo a una supuesta valoración del entrenador. Asimismo si reprende a un jugador por su mala actuación en forma poco amable y delante de sus compañeros, la comunicación ulterior será difícil ya que el jugador tenderá a reaccionar más al tono emocional que al contenido.

» El entrenador chillón y nervioso desacredita su mensaje de serenidad.

» En tiempo muerto no hay que gastarse en repetir lo que se hizo mal, eso desmotiva y además, ya pasó. El jugador sabe el error, por lo que se debe reforzar la acción correctiva pero sin tocar la autoestima. Si se remarca el error y no se da la solución, el jugador vuelve a hacer el mismo error. No hay que evaluar a los jugadores sino activarlos. Conviene no olvidar que la comunicación positiva casi siempre producirá mejores resultados que los mensajes negativos.

» Demasiada información en un breve tiempo produce su asimilación en forma fragmentaria, confusa y al volver a la competición esa profusión de exigencias distraen al jugador que se queda pensando en lo que quiso decir el entrenador.
A veces el entrenador explica un 100%, trasmite un 80 %, y los jugadores reciben un 60%, del que solo se interpreta un 50 %.
¿Cuánto de esto aceptará y pondrá en práctica el jugador ante tanta presión?
Por eso, ante la explicación de una consigna el entrenador debe seguir la siguiente secuencia:

- ¿Lo entendieron?- Contesta el jugador o el equipo afirmativa o negativamente.
- Responde el entrenador - Bueno, ahora explíquenmelo a mi.

De esa manera, no hay equivocaciones de interpretación, ya que muchas veces puede suceder que un jugador por miedo a quedar mal o por vergüenza ante sus compañeros no se anima a preguntar, repreguntar o decir que no entendió.

» Debe tener en cuenta a todos sus jugadores. Algunos se apartan o desmotivan cuando no les da la importancia que tienen, por lo que se les debe prestar atención a todos y reconocerlos en forma positiva. Generalmente las “estrellas” reciben señales de comunicación más eficientes que los demás jugadores. De hecho, todos necesitamos un apoyo para mantener nuestros esfuerzos y hacer crecer la autoestima. No hay que olvidarse que para muchos jugadores el alma del equipo es el entrenador.

» Los jugadores necesitan saber por medio de su entrenador cuándo son sacados de la cancha y el porqué. Cuando esto no sucede, ese vacío es interpretado con distintos pensamientos que a veces no concuerdan con lo causa. Muchas veces me comentan los jugadores que necesitarían saber el porqué es sacado. De ésta manera tendrían la información para mejorar. Pero otras tantas, el silencio del entrenador deja al jugador a merced de su propia interpretación, bajando su motivación, cuando en verdad lo que quería el entrenador era “cuidarlo” para otro partido.

» Asimismo, los jugadores que están en el banco deben recibir explicación del porqué no entran y no solamente un “che, vas al banco”, ya que en su mente algunos se consideran tan dotados como los que están jugando. Esto puede dar lugar a posibles conflictos emocionales. Al jugador se le debe brindar explicación de lo que se espera de él, porqué ocupa tal lugar en la cancha, ya que muchos jugadores no están cómodos en el puesto que les toca jugar.

Al final del partido es bueno realizar una “charla de vestuario caliente” donde todos hablan por turno. Primero, los que jugaron dicen sus autocríticas y evaluaciones, ¿Qué les gusto? ¿Qué no? ¿Qué cosas le molestaron? Etc. Luego habla el equipo técnico, entrenadores, médico, kinesiólogo, psicólogo. Todos los que forman parte del equipo tienen que estar presentes ya que ésta es una tarea grupal. Así el jugador puede hacer catarsis, liberar todo lo emocional y ser recuperado por el equipo técnico para trabajarlo en la semana. Se debe poder verbalizar lo que sucedió. Este trabajo, de gran comunicación, brinda información de cómo está el equipo y qué se debe trabajar. La comunicación debe circular desde la solución del problema y no desde la crítica hacia la persona.

Todos debemos trabajar nuestra comunicación, ya que una deficiente y pobre información da lugar a conflictos que repercuten en la actuación, en la motivación, en el compromiso y en la actitud.



juliasports@fibertel.com.ar

¿Como nos comunicamos?: El efecto Pigmalión


Como entrenadores: ¿Cómo pensamos a nuestros jugadores?
Como padres: ¿Cómo pensamos a nuestros hijos?
Como jugadores: ¿Cómo nos pensamos?

"Si tomamos a las personas tal y como son
las haremos peores de lo que son.
Pero si las tratamos como si fueran lo que deberían ser
las llevaremos adonde tienen que ser llevadas”.


J.W von Goethe
El efecto Pigmalión es uno de los sucesos que más enseñanzas nos deja a la hora de pensar la influencia que produce en cada uno de nosotros la manera como somos pensados por otros y hablados por las personas significativas que forman parte de nuestra vida y nuestro entorno.

Esto fue estudiado e investigado desde distintas disciplinas demostrando que las expectativas y creencias que se proyectan, como ser hijos, alumnos, deportistas, influyen en el desarrollo y comportamiento de las diferentes áreas. Si bien muchas veces la transmisión de la imagen que poseemos del otro se manifiesta en el discurso, no siempre sucede esto, ya que del mismo modo puede revelarse inconscientemente por medio del lenguaje no verbal (gestual, corporal, visual).

Cuando sentimos que la persona en la cual hemos depositado un ideal nos quiere, nos sentimos engrandecidos, seguros, tratando de demostrar y afianzar esa cualidad. La confianza y seguridad que los demás tengan sobre nosotros eleva nuestra autoestima permitiéndonos lograr nuestros más altos objetivos.

Pero cuando ese vínculo se pierde y nos sentimos descalificados, se puede producir una situación de empobrecimiento de nuestro Yo con caída en la autoestima actuando a partir de las expectativas ajenas. Esos conceptos, si son aceptados, refuerzan la autoimagen repercutiendo en la actitud de cómo enfrentamos los desafíos y problemas cotidianos.

Podemos decir que la historia de nuestro Yo es la historia de los vínculos que hemos establecido en toda la vida, y al mismo tiempo, de los conflictos que conllevan los mismos. Ciertas personas son más vulnerables en los aspectos interpersonales, por lo que es importante trabajar sobre esos puntos sueltos que a veces hacen tambalear el espejo diario interior de cada uno de nosotros. En lo referente al deporte influye en el despliegue de la creatividad y espontaneidad libre de jugadas, ya que en lugar de jugarse por lo que se desea, se evita cometer un error que confirme lo pensado. Este principio de actuación a partir de las expectativas de los demás se conoce en psicología como el efecto Pigmalión.

Este proceso está relacionado a la “Profecía autocumplida” donde de tanto pensar una situación, produce que esa predicción se cumpla. O sea, no pensamos de acuerdo a la situación en sí sino de acuerdo a como la percibimos. Estas percepciones tienden a realizarse ya que existe un fuerte deseo que las impulsa. Una vez que nos convencemos de nuestra interpretación, esa apreciación accede al campo de la conciencia como real y adecuando la conducta a la misma. Robert K. Merton fue el creador de este término quien decía “Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales”. Para describir esta premisa su texto original en inglés era: “if men define situations as real, they are real in their consequences.”
Pero, ¿quién era Pigmalión?En la mitología griega Pigmalión era un rey de Chipre quien, además de ser sacerdote, era un magnífico escultor que se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura, que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva.

Rosenthal y Jacobson estudian el efecto Pigmalión desde la teoría de la profecía autocumplida demostrando cómo la conducta de los alumnos y deportistas influye de acuerdo a las expectativas que posean los profesores o entrenadores ya que son tratados inconscientemente de acuerdo a sus valoraciones. Puede ser que a los considerados más habilidosos se les dedique más tiempo y consideración, éstos al ser tratados con más deferencia responden de modo distinto demostrando conductas positivas. Luego, la consecución de buenos hábitos va generando conductas automáticas que se repiten logrando mejores resultados en el tiempo.

Esto también lo vemos en las empresas donde últimamente la típica pirámide empresarial se invirtió, donde en su punta están los empleados y en la base la gerencia. La motivación laboral está destinada a incentivar las conductas del empleado haciéndolo sentir a gusto, tenido en cuenta apuntando al bien común de la empresa. Las satisfacciones proporcionadas por el trabajo contribuyen al bienestar general del individuo, a su sentimiento de pertenencia y valor personal.

El tiempo que se dedica al trabajo o al deporte supone una gran parte de nuestra vida, por lo que es necesario sentirnos motivados por el mismo de forma que no se convierta en una actividad pesada y monótona. El estar motivado promueve respuestas más dinámicas y creativas, produce consecuencias psicológicas positivas, tales como la autorrealización y el sentirse competente y útil.

Si por el contrario, ante una mala calificación de su superior, la persona, empleado o deportista, proporcionará respuestas indiferentes, donde la imagen formada del jefe influye en una disminución en la calidad y cantidad de su trabajo. Como padres podemos decir que todos somos escultores de nuestros hijos. La forma en que nos comunicamos con ellos tiene un gran efecto e influye en su formación y sostén personal. En nosotros descansa la responsabilidad de la calidad de personas y jugadores que queremos formar.

Muchas veces las expectativas de los padres son muy superiores a lo que pueden realizar nuestros hijos, cayendo en una idealización de lo que quisiéramos tener, pero que en realidad no son. Cada ser posee una particularidad propia que lo hace brillar por lo que en realidad se es y no según la calidad de luz que lo ilumina.

Educar es acompañar en el camino. Si nuestros hijos se sienten queridos y aceptados se motivaran para ser cada vez mejores; en cambio, ante el mal trato y la ausencia de afecto, desaparecerán los motivos por los cuales jugarse. Para ello debemos creer en ellos, poseer expectativas es sus proyectos y acompañarlos con mensajes que los animen en su consecución.

» Video de ejemplo

Este video habla de lo que verdaderamente le enseñamos a nuestros hijos, o como educadores a nuestros alumnos o deportistas. Hagamos cosas buenas, y pensemos como queremos que ellos sean cuando crezcan, mantengamos una influencia positiva.


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