Julia Alvarez Iguña

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Lic Julia Alvarez Iguña

Vida Cotidiana

Psicología on Line

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Psicología aplicada al Golf

Algunos consejos para el entrenador

LO QUE DIFERENCIA A UN EQUIPO GANADOR ES LA VOLUNTAD DE VENCER, EMPEZANDO POR SU ENTRENADOR QUE DEBE TRANSMITIR ESE DESEO A SUS JUGADORES
Nunca ha habido un buen entrenador que, más allá de ser el que más conoce de deporte, no se desarrolle al mismo tiempo como un gran “maestro”.
En el curriculum de todo buen entrenador debe virtualmente figurar: “Especialista en lecciones de vida”. ¡Qué más se puede pedir! Es la persona que más allá de sus conocimientos de juego, se caracteriza por esa gran condición: la habilidad de crear el clima apropiado para que sus jugadores aprendan, para hacer de ellos los mejores no sólo por medio de su técnica sino también de su ejemplo.

Uno de los grandes coach de fútbol Americano fue Vince Lombardi, entrenador de “Los Gigantes de New York”, quien detrás de cada juego, demostraba la lógica y los aspectos técnicos y mentales de cada jugada. Él afirmaba que más allá de la instrucción está la enseñanza. No se debe aplicar una técnica porque sí, sino demostrar las razones del porqué, repetirla hasta el cansancio, hasta su comprensión. Lombardi se caracterizaba por la profundidad, claridad y sentido de sus palabras. Sus repeticiones, muchas de las cuales eran tomadas por algunos jugadores como aburridas, en él adquirían un gran peso por su sentido y solía decir. “Muchos jugadores dirán que las repeticiones son aburridas. Yo no creo que lo sean, pero sí son aburridos los que lo piensan ya que carecen de energía y disciplina. Ellos no entienden cual es el propósito ni el valor de la repetición de una jugada”.

A él se deben muchas frases que han servido de inspiración en diversas disciplinas en el mundo. Algunas de sus más famosas son:

“Ganar no lo es todo, es lo único”.
“Si no te animás con entusiasmo, serás despedido con entusiasmo”.
“Para alcanzar el éxito, en cualquier cosa que te propongas, haz de pagar un precio”.
“Le llaman entrenar pero en realidad es enseñar. No les dices simplemente lo que tienen que hacer… haz de explicárselo”.
“Jamás ganarás un partido a menos que superes al tipo enfrente tuyo. El marcador no importa nada. Sólo vale para los aficionados. Tú tienes que ganar la guerra con el hombre que está frente a ti. Tienes que ganarle a tu hombre”.
“Cuanto más trabajas, más difícil es rendirse”.
“Una vez que aprendes a rendirte, eso se convierte en un hábito”.
“No se trata de las veces que te tiran al suelo, sino de las veces que te levantas”
.

Son frases que bien podrían figurar en la cartelera o en el pizarrón de cualquier vestuario argentino.
¿Te animas a ponerlas en tu vestuario?

Algunas características que todo entrenador debe considerar:


Reforzar lo positivo. No remarcar lo negativo.

La educación y el aprendizaje se basan en la necesidad de ser un poco mejor, centrándose en las partes positivas y omitiendo lo negativo. Este factor es muy importante ya que ante la emisión de una frase, la mente registra las primeras imágenes sin tener en consideración la esencia de la oración. Por ejemplo, si se le dice a un jugador. “No tires la pelota torcida”, la palabra “No”, no se registra en la mente, ya que no posee ningún significado ni representación psíquica. El jugador se centrará en torcida y es en lo que va a pensar en la práctica. Por el contrario, “Arrojála derecha” envía una señal diferente donde se enfatiza lo que hay que hacer más en lo que se debe evitar. La utilización de palabras positivas sube el ánimo del equipo y crea un ambiente de tranquilidad.


Reconocer que el jugador muchas veces no sabe y teme preguntar.

La repetición es una herramienta fundamental en la enseñanza. Es mejor repetir algo que se sabe, que omitir algo que tal vez no se comprendió. Por eso, ante la explicación de una consigna el entrenador o profesor debe seguir la siguiente secuencia:
- ¿Lo entendieron?- pregunta el entrenador
Contesta el jugador o el equipo afirmativa o negativamente.
-Responde el entrenador - Bueno, ahora explíquenmelo a mí.
De esa manera, no hay equivocaciones de interpretación, ya que muchas veces puede suceder que un jugador por miedo a quedar mal o por vergüenza ante sus compañeros no se anima a preguntar, repreguntar o decir que no entendió y los resultados después de ven en la cancha.

Limitar la cantidad de información.
Debemos entender que la capacidad de elaboración y asimilación de nueva información es limitada, sobretodo en momentos de alta tensión. Si se ponen más de dos objetivos en un partido es muy difícil que se cumplan, ya que ante situaciones de presión se olvidarán de todos ellos. Ser claro, preciso, hacer el juego simple. Los objetivos deben ser pocos pero realistas, tangibles, creíbles. La sobre información lleva a la desinformación ya que el jugador olvida la mayoría de los objetivos.

Conectarse frontalmente con los jugadores y saber fundamentar.

Llamarlos por sus nombres o sobrenombres, conocer las cualidades y características de cada uno de ellos. Este ejemplo lo vimos en la película Invictus, donde el gran líder Mandela aprende la particular información de cada jugador antes de dirigirse al grupo.
Hablar en conjunto, no mirando solamente a algunos o a los mejores jugadores. Observar sus reacciones para obtener información adicional de ellos. Mirar a los ojos y exigir la misma respuesta.
Cuando se le habla a un jugador en particular, tratar de establecer un contacto físico con el jugador para reforzar y controlar su atención. Por ejemplo, poner la mano sobre su hombro, llamarlo aparte, dar una palmada sobre su espalda, etc.
El jugador que demuestra más dificultades en el juego pero entrena con más dedicación y esfuerzo, debe ser al que se le dedique más atención y soporte. Los objetivos de desempeño pesan más que los de resultado, ya que al jugar sin presión, los números llegarán solos.

Crear un clima positivo para un efectivo aprendizaje.

Intensificar la motivación interna enfocada en ser cada día mejores jugadores, reforzando cualquier signo de esfuerzo y sacrificio más que en los resultados. Hacerlos hablar de sus miedos o dudas de prácticas. ¿Cómo podemos saber lo que tenemos que corregir si no sabemos definir lo que estamos pensando o temiendo?
Utilizar los errores como medio de aprendizaje más que como lamento de discapacidad.
El jugador que no se equivoca no existe. Aprender no siempre significa hacer las cosas bien, sino también poder tomar riesgos y animarse a hacer las cosas correctas. Las tres cosas que un entrenador debe cuestionar a sus jugadores ante el error son:
Qué estaba tratando de hacer – pensamiento
Qué salió mal- autocrítica, error técnico o psíquico
Qué es lo que hará la próxima vez - reforzamiento positivo

Mantener canales abiertos de comunicación.

El tono, el tiempo, el lenguaje y la comunicación no verbal influyen en la recepción de los mensajes. Prestar atención al lenguaje corporal. Muchas veces un gesto es más fuerte y pega más que una palabra. Saber hablar, saber escuchar y que nos entiendan para que utilicen nuestra información. Toda buena comunicación necesita de un emisor y un receptor y lo mismo que se escucha arriba en el plantel superior, debe ser lo mismo que se escucha abajo en las divisiones inferiores. Muchas veces he visto problemas de mensajes al tener que subir un jugador de intermedia a primera y no entender algunos códigos de juego. También se debe aprender a usar, valorar y respetar los silencios.

Enseñar a manejar las emociones negativas y la agresión.

Es bien sabido el dicho “el que se calienta pierde”. Las fuertes emociones sólo logran sacarnos del partido, con la posibilidad de tarjeta amarilla o roja. Esto es tomado como una falta de respeto al equipo, al entrenador y al cuerpo técnico. No gastar energía en discusiones, peleas, reclamos que lo único que logran es desconcentrar al equipo. En lugar de derrochar energía en lo controlable ¿por qué no centrarse en aspectos de juego que sí podemos controlar?


Asimismo el entrenador debe mantener y sostener sus creencias e ideales tanto en las derrotas como en las victorias. Un entrenador que pierde la esperanza, pierde la motivación. Siempre habrá factores que puedan hacer decaer la fuerza del equipo, pero ésto no significa que se desdibuje la atmósfera de enseñanza y aprendizaje. El objetivo de todo jugador es competir positivamente, y esto es aprendido por medio de la confianza que los demás depositan en uno. El desafío de todo entrenador es instruir, enseñar, sostener. Entender al jugador, escucharlo y ayudarlo a que él pueda comprenderse a sí mismo.

Julia Alvarez Iguña

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